sábado, 28 de marzo de 2009

Nocturno de Chile



En un libro de sólo dos párrafos, donde no se extraña la ausencia de los punto aparte, Roberto Bolaño vuelve a sorprender con la historia del sacerdote chileno Sebastián Urrutia Lacroix, miembro del Opus Deis, crítico literario, quién en una noche de fiebre y convalesciencia siente que está al borde de la muerte y comienza a confesar los pasajes más importantes de su vida.

Es así como recuerda la amistad con Farewell, maestro de la crítica literaria chilena a quién conoció poco después de ordenarse. Fue en una de las tantas veladas organizadas por Farewell en su fundo de Lá-Bas, que el Padre Sebastián conoce a Pablo Neruda, quién en esos años se jactaba de ser ateo, y a quién escuchar recitar. Años después asistiría a su funeral.

También nos lleva a recordar sus primeras críticas literarias bajo del seudónimo de H. Ibacache. : Enrique Lihn el más brillante de su generación,Giacone, Uribe Arce, Jorge Teillier, Efraín Barquero, Delia Domínguez, Carlos de Rokha, la juventud dorada. Todos o casi todos bajo el influjo de Pablo Neruda salvo unos pocos que cayeron bajo el magisterio de Nicanor Parra. También recuerda a Rosamel del Valle, de Díaz Casanueva, de Braulio Arenas y de sus compañeros de la Mandrágora. De los narradores de los cincuenta, Donoso, Edwards, Lafourcade, Gonzalo Rojas, Anguita, Manuel Rojas, Juan Emar, María Luisa Bombal, Marta Brunet, Blest Gana, Augusto D'Halmar y Salvador Reyes.

Es de boca de Salvador Reyes como se entera del encuentro de este con el escritor alemán Ernest Jünger, a quién conoce en la buhardilla de un pintor guatemalteco que se deja morir de hambre en la ciudad Paris ocupada por los nazis en 1943. Ambos quedan atónitos al contemplar el cuadro surrealista Paisaje de la Ciudad de México una hora antes del amanecer.

La noche de insomnio lo lleva a recordar las propuestas misteriosas de dos oscuros personajes, los señores Oido y Odem, quienes le encomiendan hacer un informe sobre los métodos de conservación de iglesias en Europa. Es así como inicia, a bordo del Donizetti, su travesía por el Pacífico y Atlántico para llegar al viejo continente, a la ciudad de Génova. Un viaje lento y reparador, de amistades y misas. Su periplo lo lleva a varias ciudades y varias iglesias, donde conoce a muchos sacedortes, pero sin duda que su mejor recuerdo es la contemplación en el aire de los halcones que entrenaban los curas para combatir a las palomas. Es asi como recuerda a Turco de Pistoia, Otelo de Turín, Jenofonte de Estrasburgo, Ta gueule de Avignon, Rodrigo de Burgos, Ronnie de Namur, Fiebre de San Quintín.

Sin duda que unos de sus recuerdos mas inquietantes tuvo relacion con otro encargo hecho por los señores Oido y Odem. Estos le piden una misión secreta y de carácter patriotico, hacer clases de marxismo a la recién asumida Junta de Gobierno liderada por Pinochet. En las clases hablan de Marx, Engels, de la lucha de clases en Francia, El Capital, La guerra civil en Francia, de lo que lee Allende, Frei, Alessandri. Repasan libros tales como : El Manifiesto, Los conceptos elementales del materialismo histórico, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado.

También recuerda sus veladas literarias, en plena dictadura, en casa de la escritora María Canales, casada con el americano Jimmy Thompson. Las veladas reunían escritores y artistas. Fue en una de estas que un invitado descubrirá deambulando por los sótanos de la casona un cuarto iluminado y en él a un hombre atado sobre una cama, que ha sufrido torturas. El hallazgo circula como rumor hasta que, finalizada la dictadura, se descubre que en aquel lugar, cenáculo de algunos intelectuales, fue uno de los centros de interrogatorio de la DINA y que Thompson era un especialista.

Asi es como el Padre Sebastián recorre el Nocturno de Chile, bajo la pluma genial de Roberto Bolaño.

Roberto Bolaño
Nocturno de Chile
1era Edición, Noviembre 2000
150 Hojas
Editorial Anagrama

domingo, 15 de febrero de 2009

Chinoy en Isla Negra



Catorce de Febrero, mi aniversario de matrimonio, y que mejor que celebrarlo en un concierto de Chinoy, Donde? En la casa de Pablo Neruda en Isla Negra, valió la pena el viaje, un concierto íntimo, donde quedó de manifiesto que la magia de Chinoy sigue intacta.

Acá les dejo, como es mi costumbre, la ficha del concierto...

domingo, 8 de febrero de 2009

Romance del duende que me escribe las novelas



"Es mejor callar si lo que se va decir no es más bello que el silencio", asi empieza esta novela de Hernán Rivera Letelier,
quién cuenta su propia historia, o la de su alter ego, Brando Taberna, o mejor dicho, de Hidelbrando del Carmen o Mario Madero como hace llamarse al final de la novela.

Un historia que ocurre en la pampa, en el Norte Grande, en la oficina salitrera Buenaventura, donde Rivera Letelier comienza a recordar su infancia, los primeros amores, la muerte de sus hermanos - que según las creencias antiguas se convertían en angelitos-, de los primeros poemas escritos, del traslado a la ciudad de Antofagasta debido al cierre de la oficina Salitrera.

Pero el recuerdo más importante es el de su amigo Duende, a quién descubrió en la cocina cuando tenía 6 años, el mismo que sacaba sus bolitas de vidrio del tarro de cocoa Raff, a quien le regalo su bolita preferida, su tincoyo, el que lo ayudaba en las noches con sus tareas. El duende que siempre lo aconsejo, el mismo que lo ayudó a escribir este poema, con el cual ganó su primer concurso literario.

Canción del Desierto

Yo no canto al desierto dubujado en los mapas,
coloreado en café y surcado de rayas
el que el dedo recorre sin bajar sus quebradas,
sin oír sus silencios, sin otear sus distancias.
Yo no canto al desierto dubujado en los mapas.

El desierto al que canto es el desierto del alma,
ese cartografiado en la piel de la cara,
el que habita conmigo, el que tengo por casa
- mi altar es una piedra y mi patio es la pampa-.
El desierto al que canto es el desierto del alma.

Yo no canto al desierto descubierto en postales,
ese coleccionado en recuerdos de viajes,
donde le sol es un globo y los cielos vitrales
y todo tiene un dejo de idílico paisaje.
Yo no canto al desierto descubierto en postales.

El desierto al que canto es el desierto de sangre,
el de gestas heroícas, el de atroces masacres,
el de días ardientes, el de noches glaciales,
el de vientos que hieren con esquirlas de sales.
El desierto al que canto es el desierto de sangre.

Yo no canto al desierto que cuentas los turistas
- entrevisto de lejos y bajo una sombrilla-,
el de piedras guardadas como cosas bonitas,
el de cerros en poses para fotografías.
Yo no canto al desierto que cuentas los turistas.

El desierto al que canto es el de toda una vida
en busca de una huella o una veta perdida,
el de piedras que estallan en su sed infinita,
el de espejismos azules y soledades sin orillas.
El desierto al que canto es el de toda una vida.

Yo no canto al desierto de los que un día de fueran
sin sentir que morían -como irse de una fiesta-,
y no dejaron nada, ni siquiera un huella;
su paso fue una nube que ninguno recuerda.
Yo no canto al desierto de los que un día de fueran.

El desierto al que canto es el de los que se quedan,
Y un día se van, su recuerdo es estrella,
pues al volver su cabeza su alma
se les queda como un cráneo de vaca condecorando la arena.
El desierto al que canto es el de los que se quedan.

Yo no canto al desierto con la voz del poeta;
cuando yo canto al desierto, las que cantan son las piedras.


Al final el niño se hace hombre, y deja de ver su duende, pero no deja de sentirlo y nunca se olvidan los consejos.

"Desde esa vez, y a lo largo de toda mi vida, he tratado de seguir el consejo de mi duende. No hablar más de lo necesario. Oír más que hablar.
Después me dediqué a la escritura, y bien se sabe que escribir es hablar en silencio (y el que habla en silencio, con Dios habla). Y si aquella fue una gran lección, la última no fue menos sabía. Sucedió después de haber publicado mi primer libro.
Apelando a la aparición de gracia uno pierde la facultad de ver a su duende al dejar de ser niño y sólo le es concedida una sola aparición más en la vida-, lo llamé para comunicarle mi intención de contar sobre su existencia."

jueves, 29 de enero de 2009

Las películas de mi vida


Alberto Fuguet, una vez más, me sorprende con este libro. Beltrán Soler, un sismólogo chileno que vivió su niñez en Estados Unidos está próximo a viajar a Tokio para dictar clases previa escala en Los Ángeles, California, lugar donde pierde la conexión y comienza a revivir su historia personal y familiar recordando las películas que vió en su niñez y juventud, aquellas de los años sesenta y setenta.

Cada pasaje importante de su vida, que se mueve entre Los Ángeles y Santiago, está relacionado con una película, las cuales casi siempre las vió acompañado por un familiar directo y/o amigos.

Tal como lo hiciera en Mala Onda, Fuguet cuenta la historia desde la mirada de un niño que va camino a convertirse en adolescente, tal como lo hizo a través de Matías Vicuña. Acá es Beltrán Soler quien no cuenta a través de su mirada los sin sabores de una familia con distintas visiones del mundo, de un padre y una madre que al poco tiempo de casados se dan cuenta que no están hechos para toda la vida. Así Beltrán Soler no cuenta como vive la separación de sus padres, la relación con sus abuelos maternos y paternos, el posterior alejamiento de su familia, la soledad.

Es emocionante leer como Beltrán Soler y Matías Vicuña en esta novela se conocen, cada uno con su particular historia, siempre relacionado a través de una mujer.

lunes, 26 de enero de 2009

CHINOY, Concierto de Cuerdas!!!



La Casa de Arte y Cultura Delia Del Carril, en la comuna de la Reina, fue testigo de la fuerza interpretativa de Chinoy. Una linda casa, en un sitio largo, que en el fondo alberga un cómodo anfiteatro.
Cuatro veces cortó cuerda, cuatro veces el público lo acompañó con las palmas, asi se vivió el concierto, parecia una reunión de amigos en torno a la guitarra, casi sin cuerdas, de Chinoy.

Aca una foto de Chinoy cambiando por enésima vez las cuerdas!!!