martes, 30 de diciembre de 2025


Para acabar con Eddy Bellegueule
Édouard Lois 
1era edición Febrero 2015
187 páginas
Salamandra
Camino a Los Ángeles
John Fante
1era edición Junio 2002
195  páginas
Anagrama

domingo, 28 de diciembre de 2025


Kaiki 2
Nuevos Cuentos de terror y locura 
Kido Okamoto, Kyoka Izumi, Ashihei Hino, Kotaro Tanaka, Soto Tachibana
1era edición 2022
188  páginas
Queterni 
Bailarinas 
Yasunari Kawabata 
1era edición 2019
224  páginas
emecé 

viernes, 19 de diciembre de 2025


Miro al cielo impotente
Misumi Kubo
1era edición Octubre 2014
228  páginas
Satori

El sistema del tacto
Alejandra Costamagna 
1era edición 2018
184  páginas
Anagrama 

viernes, 12 de diciembre de 2025


La diversidad de la ciencia
Carl Sagan
1era edición Noviembre 2007
286  páginas
Península 

Cuentos de cabecera 
Dazai Osamu
1era edición Abril 2023
225  páginas
Satori

domingo, 23 de noviembre de 2025


Bipolar 
Kay R. Jamison
1era edición Abril 1996
234  páginas
TusQuets Editores

Una historia perdida
Juan Pablo Meneses 
1era edición Julio 2022
259 páginas
TusQuets Editores

domingo, 26 de octubre de 2025

Imposible salir de la tierra
Alejandra Costamagna 
1era edición Marzo 2019
130 páginas
Editorial Barret

Rockabilly
Mike Wilson 
1era edición Marzo 2011
125 páginas
Alfaguara 

sábado, 25 de octubre de 2025


Ahora que te vas
Eva Blanch
1era edición Julio 2019
190 páginas
TusQuets Editores

sábado, 18 de octubre de 2025


Barrio Bravo
¿Por qué amamos la pelota?
Roberto Meléndez
1era edición Junio 2017
212 páginas
SUDAMERICA, Penguin Random House Grupo Editorial

La señora Mireya 

Todos los días después del almuerzo hasta la hora de la once
empezaba la batalla en el pasaje: dos equipos, sin camisetas y 
a la vista tú pa allá, tú pa acá, buscando que quedara parejito. 
Y le dábamos y le dábamos, sin cansancio. Nos reíamos, nos 
picábamos, peleábamos, crecíamos. Pero había una villana, 
una enemiga: la señora Mireya. "Hueón, que no se te vaya la 
pelota para allá,  ¡porfa!", era un ruego asumido por todos 
y que nunca, ningún día, se cumplía. ¡Y pam!. Un pelotazo 
se escapa a las plantas de la casa de la señora Mireya. Había 
veces en que éramos más rápidos y conseguíamos saltar la 
reja, pisar un par de plantas y volver con el tesoro. Pero la 
mayoría de las veces, bien pendiente, bien astuta, ella apare-
cía y con semblante serio la tomaba y simplemente se llevaba 
la pelota.
A veces, después de horas y horas, 54 a 54, caí el balón 
en su jardín y cagábamos. Obvio que podíamos ir a jugar a 
otro lado, pero era el único lugar propio, nuestro, donde no 
debíamos esperar que hubiese alguien. Era perfecto, salvo por 
la señora Mireya. Al final del día alguno de nuestros padres 
iba donde ella y rescataba la pelota, pero ella no alteraba su 
posición. "¡Esto no es un estadio!", decía, y fin del tema. Y así 
fue hasta que ya jugábamos menos, y el horario del colegio 
iba ahogando, y las espinillas eran testimonios de que la de al 
frente no era sólo una vecina y el corazón como que latía.
Hoy, después de mucho, tras haberme cambiado de casa, 
pasé por ese mismo pasaje: me sorprendió y emocionó ver 
que había cabros chicos jugando en la calle, y ahí, más viejita, 
pero bien atenta, estaba la señora Mireya, sentada en una ban-
ca. Cuando ya me iba a escuché un pelotazo y un "¡¡noooooo,
pa allá noooo"... Me di vuelta y la señora Mireya, con el 
mismo semblante de siempre, se paró bien rápido y atrapó la 
pelota. No la devolvió, al contrario, se entró a la casa. Y ahí 
me di cuenta de que ella, a su modo, también estaba jugando, 
y lo sigue haciendo.

domingo, 12 de octubre de 2025


Happy Birthday
Mauricio Gutiérrez
1era edición Octubre 2015
98 páginas
MAGO Editores 

viernes, 3 de octubre de 2025


Dibujos de Hiroshima
Marcelo Simonetti
Ilustración de portada: Ikenaga Yasunari
1era edición Abril 2020
206 páginas
Emecé

domingo, 28 de septiembre de 2025


El Último Virrey del Perú
Bruno Polack
1era edición Noviembre 2017
206 páginas
Planeta

sábado, 27 de septiembre de 2025


Relato de un náufrago
Gabriel García Márquez 
1era edición Abril 2013
156 páginas
Contemporánea Debolsillo

domingo, 7 de septiembre de 2025


Throguel Online
Nicolás Meneses
1era edición Enero 2020
194 páginas 
emecé cruz del sur 

sábado, 6 de septiembre de 2025


La muerte se desnuda en La Habana
Hernán Rivera Letelier 
1era edición Octubre 2017
177 páginas 
Alfaguara 

viernes, 5 de septiembre de 2025


El equilibrista 
Federico Andahazi
1era Edición Mayo 2017
348 páginas 
Planeta 

jueves, 4 de septiembre de 2025


Santiago Quiñones, Tira
Boris Quercia
1era Edición Noviembre 2010
151 páginas
Roja & Negra


Las biuty queens
Iván Monalisa Ojeda
1era Edición Enero 2019
128 páginas
Alfaguara

lunes, 1 de septiembre de 2025



Una raíz para Gustavo
Jaime Casas
Primera Edición Mayo 2021
136 páginas
LOM Ediciones 

sábado, 30 de agosto de 2025


Una Mujer
Annie Ernaux
Primera Edición Septiembre 2020 
108 páginas 
Cabaret Voltaire

Luna Llena
Aki Shimazaki 
Primera Edición Febrero 2022
167 Páginas 
TusQuets Editores 

No pasó nada
Antonio Skármeta
Primera Edición Diciembre 2014
123 páginas 
Penguin Random House Grupo Editorial

Como de la familia
Paolo Giordano
Primera Edición Marzo 2015 
139 páginas 
Salamandra

El final del affaire 
Graham Greene 
Primera Edición 2019
311 páginas 
Libros del Asteroide

La sangre no es agua 
Boris Quercia Martinic
Primera Edición Agosto 2019
294 páginas 
Roja & Negra


Perro Muerto
Boris Quercia Martinic
Primera Edición Diciembre 2016 
241 páginas 
Roja & Negra

Emilio, los chistes y la muerte
Fabio Morábito
Primera Edición Marzo 2009
167 páginas 
Anagrama 

El universo en expansión 
Desde el Big Bang al homo sapiens 
Mario Hamuy 
Primera edición octubre de 2018 
126 Páginas 
Penguin Random House Grupo Editorial


La ciudad de la furia 
Daniel Matamala
Primera edición noviembre 2019
191 páginas
Catalonia

Máquinas como yo 
Ian McEwan 
Primera edición septiembre 2019
355 páginas
Anagrama

Tonko, el kawéskar 
Jacqueline Balcells, Ana María Guiraldes
Ilustraciones de Alfredo Cáceres
Quinta Edición Septiembre de 2018
85 páginas 
Zig-Zag

Pedro Lemebel
Catalina Mena 
Primera Edición Enero 2019 
61 páginas 
Hueders Chilenos 

Tiende tu cama 
William H. McRaven 
Primera edición mayo de 2019 
175 páginas 
Planeta

No somos los Beatles
Roberto Fuentes
Primera edición mayo de 2022
175 páginas
Zig-Zag

El secuestro de la hermana Tegualda 
Hernán Rivera Letelier 
Primera edición mayo de 2021 
108 páginas
Penguin Random House Grupo Editorial 

¿Por qué tenemos el cerebro en la cabeza?
Pedro Maldonado Arbogast 
Primer Edición Agosto 2019
172 páginas 
Penguin Random House Grupo Editorial 

La pasión de Brahms
Elizabeth Subercaseaux
Primera Edición Mayo de 2016
342 páginas
Penguin Random House Grupo Editorial 


Maniac 
Benjamín Labatut 
Primera edición octubre 2023
394 páginas
Anagrama 


Somos polvo de estrellas 
Cómo entender nuestro origen en el cosmos 
José María Maza Sancho 
Primera edición marzo de 2017
134 páginas
Planeta 


Somos polvo de estrellas 
Para niños y niñas, 
José María Maza Sancho
Ilustraciones de Pablo Luebert
Primera edición diciembre de 2019
95 páginas
Planeta Junior 
Conversaciones con María Teresa Ruiz, pionera de la astronomía chilena
Paula Escobar Chavarría 
Primera edición diciembre de 2018 
Penguin Random House Grupo Editorial

Índice 
Prefacio. Una estrella diferente
1. Soy muy buena para soñar
2. "Esto es lo que quiero hacer"
3. Princeton 
4. El sueño de volver a Chile 
5. Vida de familia 
6. Enanas Blancas 
7. El futuro de la astronomía 
8. Contemplando el cielo desde Tololo, Las Campanas, La Silla y Paranal
9. Mujeres y ciencia 
10. Hijos de las estrellas

Soy muy buena para soñar 
-¿Cuáles son los primeros recuerdos que tienes de tu infancia?
-Nací en la casa de mis abuelos maternos, Delia Teresa 
Matthews Möller y Roberto González Pastor, en Santiago, 
en la calle Puyehue, cerca de la plaza Pedro de Valdivia. Era 
una casa inmensa, con muchos rincones, tal como eran las 
casas antiguas, emplazadas en los sitios sin mucho antejardín, 
pero de casi una cuadra de profundidad. Había árboles fru-
tales, un gran nogal y un ilán ilán muy perfumado. Los re-
cuerdos de esa época me marcaron para el resto de mi vida. 
Recibí mucho cariño en ese lugar, ya que los adultos a mi 
alrededor me consentían. Teníamos una niñera, que no me 
gustaba por enojona, una "niña de mano" a cargo del aseo y 
de servir la mesa. Siempre me llamó la atención a ese nombre 
y aún no sé de dónde viene. También había una cocinera 
que usaba un piso para alcanzar la altura de la cocina. Me 
gustaba porque era pequeña y sonriente. Era una casa con 
mucha gente, donde de repente aparecían unas tías del sur, 
que yo no sabía si venían a Santiago para siempre o por un 
tiempo. Supongo que venían a resolver algún tema médico. 
Mi mamá tenía dos hermanos, uno estaba casado y vivía 
por su cuenta, y el otro, de entonces unos dieciocho años, 
vivía allí y conducía una moto ruidosa que me daba miedo. 
Era, como ves, una casa entretenida para una niña.

Beethoven La música del silencio
Elizabeth Subercaseaux
Primera edición noviembre 2022
196 páginas 
Catalonia

Uno estaba todo oscuro menos el cielo plagado de estrellas. Yo me 
había tendido en el pasto. Me rodeaba el silencio acostumbra-
do, el de mi sordera. De pronto ese silencio fue interrumpido y 
a mis oídos empezó a llegar una música grandiosa, como el fin 
triunfante de una batalla. Escuché una voz interior. "Esta mú-
sica es el paso de tu vida; desde lo más dolorosamente humano 
a la serenidad más divina". 
Yo permanecí quieto a la espera de otras palabras. 
Poco después una estrella cruzó firmamento y una le-
chuza de alas blancas emprendió el vuelo zigzagueante,
como una extraña danza…
-Herr Beethoven… despierte, que ha llegado el sacerdote. 
Entreabrí los ojos y volví a cerrarlos. No quería abandonar 
mi sueño. Quería seguir allí, sólo frente al universo, escuchan-
do las distintas sonoridades que pueblan el espacio entre el cie-
lo y la tierra. 
-¿Le digo que se vaya?- preguntó Frau Gruber, casi gri-
tando cerca de mi oreja. 
Tampoco quería que viniera el sacerdote. Me di vuelta hacia 
la pared. 
-Dígame qué debo hacer, Herr Beethoven. 
-Yo no sé para qué lo llamó, pero si ya está aquí, ¿no sería 
grosero despedirlo?
-Le digo que suba, entonces.
-¿Y qué se supone que haga el sacerdote en mi pieza? 
-Es solo para acompañarlo en este momento y acercarlo a 
Dios, que mal no le va a hacer-dijo ella-. Ahora tiene que 
lavarse, verse bien arreglado para recibirlo. Voy a traerle la jarra 
con agua.

Oreste y las luces volcánicas 
Roberto Fuentes
Primera edición marzo de 2016 
Nube de tinta 
Penguin Random House Grupo Editorial S.A.

Palito 

Entonces reí muy fuerte. Se los juro. Y no debía hacerlo. 
No sólo porque ellas podrían haberse sentido ofendidas
-cuestión que afortunadamente no pasó; es más, las 
hermanas se quedaron mirando e intercambiaron una 
sonrisa-, sino porque cuando me río así, mi tartamu-
deo se agudiza. Ellas trataron de descifrar mis palabras:
-No-no-no-no-no—ha-no-ha-no-ha-
no-hablen no-no-no-ton-tonte--ton-tonteras
no-ha-no-hablen-no-ton...
-No hablamos tonteras, Oreste-dijo Celeste 
con calma, y con su mano trató en vano de bajarme 
un mechón de pelo que tenía parado-. Y trata de 
tranquilizarte de una vez.


La regla de los nueve 
Paula Ilabaca Núñez 
Primera edición julio 2015 
145 páginas
Editorial Planeta Chilena S.A. 

1.
NO ESTOY MUY SEGURA DE LO QUE PASÓ. Yo 
estaba durmiendo. Me despertaron el timbre y golpes 
en la puerta. Después sentí el humo que había en mi 
pieza. Yo duermo en el primer piso, mi ventana da 
hacia el patio. Estoy acá porque usted me lo pidió y 
yo no quiero tener problemas con usted.

No fue fácil venir hasta acá, ¿sabe? No fue fácil. 
Todavía estoy con la garganta reseca y no me siento 
bien, pero estoy decidida a contar lo que sé y ver si es 
que existe alguna forma de entender lo que ha pasa-
do. Usted sabe de esto, seguro ha escuchado a mucha 
gente, hombres, mujeres; usted debe saber de lo que 
le hablo. Lo que si debo decirle es que no puedo creer-
lo. No puedo creerlo. Nadie la prepara a una para ser 
mamá, sabe, y siempre dicen que ser madre es lo más 
maravilloso que te puede pasar. Para mí no fue así. 
El Gabrielito era difícil y llegó un momento en que 
se alejó de mí, así, sin más, se puso atrevido, ingrato. 
No parecía mi hijo, quizás él ya no se sentía mi hijo.

Estuve todo el día pensando que pudo haber salido 
mal. Siento que usted me mira como diciendo "al final 
todo salió mal". ¿Usted tiene hijos? Seguro entenderá 
entonces lo que le quiero decir. Nadie me enseña a una 
a ser madre. Ni la propia madre de uno puede hacerlo. 
Uno cuándo es hijo o hija siente, vive, perdona o no, 
pero no sabe qué hará cuando se convierte en padre o 
madre. Usted sabe de lo que le estoy hablando. Uno 
lo da todo por ellos, todo. Yo al Gabriel lo eduqué, lo 
formé, le di todo lo que me pertenecía. Me desviví y 
trabajé por él. Una espera que respondan bien. Yo no 
sé qué hice para que el Gabrielito hiciera lo que hizo. 
Yo espero que cuando sean grandes sus niñitas le res-
pondan bien. Se lo deseo de todo corazón.


Llévame al cielo 
Carla Guelfenbein 
Primera edición abril de 2018
280 páginas
Penguin Random House Grupo Editorial 

Hace exactamente 22 días, nueve horas y ocho minutos que desapare-
ciste. Pero yo sé que estás ahí, en algún lugar, peleando con los 
fantasmas que saquean tu cabeza. Y aún cuando no puedo verte, 
no dejaré de buscarte. No dejaré que te esfumes como esas nubes 
que mirábamos juntos deshacerse del cielo. Voy a encontrarte, 
Gabriel. Donde sea que estés, voy a encontrarte.

LO QUE NUNCA DIJE

Supongo que debo comenzar por el principio. Por la jaqueca 
de papá cuando íbamos camino al velódromo. Era la terce-
ra de esa semana. Debía ser muy fuerte, porque cerraba los 
ojos y los contraía como si algo horrible estuviera ocurriendo 
tras sellos. Me había pedido que no lo comentara con mamá. 
Era extraño que me pidiera algo así, porque entre ellos, hasta 
donde yo sabía, no existían secretos. Por el contrario, el amor 
que se prodigaban me resultaba azucarado, casi empalagoso. 
Papá sólo tenía ojos para ella. La miraba con una expresión de 
bobo, como si se tratara de Julia Roberts.
Al llegar al aeródromo, su dolor de cabeza se había agudi-
zado. Cientos de personas esperaban en la calle que abrieron 
las puertas para presenciar el show de esta tarde, en especial el 
de papá, el Gran Agostini. En el hangar nos encontramos con 
sus compañeros. Nos saludaron como siempre, levantando la 
mano y golpeándola contra la nuestra en el aire. Era un mo-
mento, papá me llamó a un lado. Me dijo que tal vez no era 
buena idea que hiciera esas piruetas en el aire -que requerían 
el máximo de su habilidad de concentración- con ese dolor 
de cabeza.
-¿Qué crees? -me preguntó, mirándome a los ojos. 
-Papá, ellos vinieron a verte. No puedes defraudarlos. 
Seguro que arriba se te quita -le respondí.