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jueves, 16 de julio de 2026


Mi año de sexo y relajación 
Romina Pistolas
193 Páginas 
1era Edición Abril 2026
Penguin Random House Grupo Editorial  

jueves, 21 de mayo de 2026


Synco
Jorge Baradit
291 Páginas 
1era Edición Noviembre 2008
Penguin Random House Grupo Editorial

sábado, 2 de mayo de 2026


La vida es eterna
Biografía de Víctor Jara
Mario Amorós
401 Páginas 
1era Edición Marzo 2023
Penguin Random House Grupo Editorial

domingo, 22 de febrero de 2026


Desobediente
Fernanda Pinilla Roa 
1era edición Marzo 2022
155 páginas
Penguin Random House Grupo Editorial  

sábado, 18 de octubre de 2025


Barrio Bravo
¿Por qué amamos la pelota?
Roberto Meléndez
1era edición Junio 2017
212 páginas
SUDAMERICA, Penguin Random House Grupo Editorial

La señora Mireya 

Todos los días después del almuerzo hasta la hora de la once
empezaba la batalla en el pasaje: dos equipos, sin camisetas y 
a la vista tú pa allá, tú pa acá, buscando que quedara parejito. 
Y le dábamos y le dábamos, sin cansancio. Nos reíamos, nos 
picábamos, peleábamos, crecíamos. Pero había una villana, 
una enemiga: la señora Mireya. "Hueón, que no se te vaya la 
pelota para allá,  ¡porfa!", era un ruego asumido por todos 
y que nunca, ningún día, se cumplía. ¡Y pam!. Un pelotazo 
se escapa a las plantas de la casa de la señora Mireya. Había 
veces en que éramos más rápidos y conseguíamos saltar la 
reja, pisar un par de plantas y volver con el tesoro. Pero la 
mayoría de las veces, bien pendiente, bien astuta, ella apare-
cía y con semblante serio la tomaba y simplemente se llevaba 
la pelota.
A veces, después de horas y horas, 54 a 54, caí el balón 
en su jardín y cagábamos. Obvio que podíamos ir a jugar a 
otro lado, pero era el único lugar propio, nuestro, donde no 
debíamos esperar que hubiese alguien. Era perfecto, salvo por 
la señora Mireya. Al final del día alguno de nuestros padres 
iba donde ella y rescataba la pelota, pero ella no alteraba su 
posición. "¡Esto no es un estadio!", decía, y fin del tema. Y así 
fue hasta que ya jugábamos menos, y el horario del colegio 
iba ahogando, y las espinillas eran testimonios de que la de al 
frente no era sólo una vecina y el corazón como que latía.
Hoy, después de mucho, tras haberme cambiado de casa, 
pasé por ese mismo pasaje: me sorprendió y emocionó ver 
que había cabros chicos jugando en la calle, y ahí, más viejita, 
pero bien atenta, estaba la señora Mireya, sentada en una ban-
ca. Cuando ya me iba a escuché un pelotazo y un "¡¡noooooo,
pa allá noooo"... Me di vuelta y la señora Mireya, con el 
mismo semblante de siempre, se paró bien rápido y atrapó la 
pelota. No la devolvió, al contrario, se entró a la casa. Y ahí 
me di cuenta de que ella, a su modo, también estaba jugando, 
y lo sigue haciendo.

sábado, 30 de agosto de 2025


No pasó nada
Antonio Skármeta
Primera Edición Diciembre 2014
123 páginas 
Penguin Random House Grupo Editorial

El universo en expansión 
Desde el Big Bang al homo sapiens 
Mario Hamuy 
Primera edición octubre de 2018 
126 Páginas 
Penguin Random House Grupo Editorial


¿Por qué tenemos el cerebro en la cabeza?
Pedro Maldonado Arbogast 
Primer Edición Agosto 2019
172 páginas 
Penguin Random House Grupo Editorial 

La pasión de Brahms
Elizabeth Subercaseaux
Primera Edición Mayo de 2016
342 páginas
Penguin Random House Grupo Editorial 
Conversaciones con María Teresa Ruiz, pionera de la astronomía chilena
Paula Escobar Chavarría 
Primera edición diciembre de 2018 
Penguin Random House Grupo Editorial

Índice 
Prefacio. Una estrella diferente
1. Soy muy buena para soñar
2. "Esto es lo que quiero hacer"
3. Princeton 
4. El sueño de volver a Chile 
5. Vida de familia 
6. Enanas Blancas 
7. El futuro de la astronomía 
8. Contemplando el cielo desde Tololo, Las Campanas, La Silla y Paranal
9. Mujeres y ciencia 
10. Hijos de las estrellas

Soy muy buena para soñar 
-¿Cuáles son los primeros recuerdos que tienes de tu infancia?
-Nací en la casa de mis abuelos maternos, Delia Teresa 
Matthews Möller y Roberto González Pastor, en Santiago, 
en la calle Puyehue, cerca de la plaza Pedro de Valdivia. Era 
una casa inmensa, con muchos rincones, tal como eran las 
casas antiguas, emplazadas en los sitios sin mucho antejardín, 
pero de casi una cuadra de profundidad. Había árboles fru-
tales, un gran nogal y un ilán ilán muy perfumado. Los re-
cuerdos de esa época me marcaron para el resto de mi vida. 
Recibí mucho cariño en ese lugar, ya que los adultos a mi 
alrededor me consentían. Teníamos una niñera, que no me 
gustaba por enojona, una "niña de mano" a cargo del aseo y 
de servir la mesa. Siempre me llamó la atención a ese nombre 
y aún no sé de dónde viene. También había una cocinera 
que usaba un piso para alcanzar la altura de la cocina. Me 
gustaba porque era pequeña y sonriente. Era una casa con 
mucha gente, donde de repente aparecían unas tías del sur, 
que yo no sabía si venían a Santiago para siempre o por un 
tiempo. Supongo que venían a resolver algún tema médico. 
Mi mamá tenía dos hermanos, uno estaba casado y vivía 
por su cuenta, y el otro, de entonces unos dieciocho años, 
vivía allí y conducía una moto ruidosa que me daba miedo. 
Era, como ves, una casa entretenida para una niña.

Oreste y las luces volcánicas 
Roberto Fuentes
Primera edición marzo de 2016 
Nube de tinta 
Penguin Random House Grupo Editorial S.A.

Palito 

Entonces reí muy fuerte. Se los juro. Y no debía hacerlo. 
No sólo porque ellas podrían haberse sentido ofendidas
-cuestión que afortunadamente no pasó; es más, las 
hermanas se quedaron mirando e intercambiaron una 
sonrisa-, sino porque cuando me río así, mi tartamu-
deo se agudiza. Ellas trataron de descifrar mis palabras:
-No-no-no-no-no—ha-no-ha-no-ha-
no-hablen no-no-no-ton-tonte--ton-tonteras
no-ha-no-hablen-no-ton...
-No hablamos tonteras, Oreste-dijo Celeste 
con calma, y con su mano trató en vano de bajarme 
un mechón de pelo que tenía parado-. Y trata de 
tranquilizarte de una vez.


Llévame al cielo 
Carla Guelfenbein 
Primera edición abril de 2018
280 páginas
Penguin Random House Grupo Editorial 

Hace exactamente 22 días, nueve horas y ocho minutos que desapare-
ciste. Pero yo sé que estás ahí, en algún lugar, peleando con los 
fantasmas que saquean tu cabeza. Y aún cuando no puedo verte, 
no dejaré de buscarte. No dejaré que te esfumes como esas nubes 
que mirábamos juntos deshacerse del cielo. Voy a encontrarte, 
Gabriel. Donde sea que estés, voy a encontrarte.

LO QUE NUNCA DIJE

Supongo que debo comenzar por el principio. Por la jaqueca 
de papá cuando íbamos camino al velódromo. Era la terce-
ra de esa semana. Debía ser muy fuerte, porque cerraba los 
ojos y los contraía como si algo horrible estuviera ocurriendo 
tras sellos. Me había pedido que no lo comentara con mamá. 
Era extraño que me pidiera algo así, porque entre ellos, hasta 
donde yo sabía, no existían secretos. Por el contrario, el amor 
que se prodigaban me resultaba azucarado, casi empalagoso. 
Papá sólo tenía ojos para ella. La miraba con una expresión de 
bobo, como si se tratara de Julia Roberts.
Al llegar al aeródromo, su dolor de cabeza se había agudi-
zado. Cientos de personas esperaban en la calle que abrieron 
las puertas para presenciar el show de esta tarde, en especial el 
de papá, el Gran Agostini. En el hangar nos encontramos con 
sus compañeros. Nos saludaron como siempre, levantando la 
mano y golpeándola contra la nuestra en el aire. Era un mo-
mento, papá me llamó a un lado. Me dijo que tal vez no era 
buena idea que hiciera esas piruetas en el aire -que requerían 
el máximo de su habilidad de concentración- con ese dolor 
de cabeza.
-¿Qué crees? -me preguntó, mirándome a los ojos. 
-Papá, ellos vinieron a verte. No puedes defraudarlos. 
Seguro que arriba se te quita -le respondí.

sábado, 21 de diciembre de 2024


Historia Secreta de Chile 3
Jorge Baradit
Primera edición agosto de 2017
194 páginas
Penguin Random House Grupo Editorial 

La tragedia más grande de nuestra historia 

Era 9 de diciembre de 1863. Santiago amaneció envuelto en 
una niebla extraña. La ceniza se mezclaba con el olor a carne 
quemada y de aceites indefinibles. Algunos madrugadores en-
volvían sus narices en pañuelos para filtrar el olor que a ratos 
se tornaba nauseabundo. Ellos sabían que, de algún modo, 
estaban respirando cadáveres, restos humanos calcinados y 
convertidos en pequeñas partículas que flotaban por la capi-
tal, envolviéndolos en la nube negra de la tragedia. Sobre las 
calles de la ciudad planeaban, a la deriva, restos microscópi-
cos de hijas, de esposas y abuelas que murieron quemadas, 
reducidas a polvo de carbón que se acumulaba en callejones, 
aceras, y caía sobre los techos de las casas. Era un espíritu fan-
tasmagórico del tamaño de una ciudad que entraba por venta-
nas, puertas y narices para cubrirlo todo. El silencio inundaba 
espeso el corazón, pero también los edificios, las plazas, los 
paladares. Sólo el ruido de las carretas que golpeaba los ado-
quines de la calle de La Bandera tenían permiso para romper 
el dolor que hacía callar hasta los pájaros. Iban cargada de 
masas amorfas, de cuerpos pegados unos a otros de tal forma 
que creaban esculturas terroríficas, monstruos con muchos 
brazos, pólipos y cabezas espolvoreadas con cal. A medida que 
avanzaban por las calles de Santiago, las carretas iban dejando 
una traza de blanco y de negro en su camino hacia el Cemen-
terio General. Ciento cuarenta y seis carretas, en hilera y cu-
lebreando entre las calles, las recorrían dibujando en carbón 
y tiza una palabra en la ciudad más triste del mundo por esos 
días, Santiago de Chile.

COCHRANE VS. CTHULHU
Gilberto Villarroel
Primera edición mayo de 2017  
Penguin Random House grupo editorial

Loic Eonet, capitán de dragones de la Guarda Imperial de 
Napoleón I, terminaba su austera cena, compuesta por dos 
rebanadas de pain de champagne duro, sopa de verduras, restos 
de saicisson, un trozo de queso y una jarra de vin rouge de
Bourdeaux, cuando un soldado llamó la puerta de la cel-
da de piedra donde había instalado su cuartel y le comunicó 
que los centinelas anunciaba la llegada de un bote. Eonet 
tomó de inmediato su sable reglamentario, se echó encima 
su capote, se cubrió la cabeza con el bicornio y salió al patio, 
haciendo sonar sobre los adoquines los tacones de sus botas 
de caballería.

No terminaba de acostumbrarse molesto eco que ca-
da sonido provocaba en aquel patio de forma ovalada, rodea-
do por tres niveles de galerías de piedra con arcos de medio 
punto, que por dentro daban a la construcción el aspecto de 
un coliseo romano en vez de lo que era realmente: la fortaleza 
secreta más preciada del Emperador de los franceses.

Por fuera, en cambio, Fort Boyard - o "el navío de pie-
dra", como lo llamaban los soldados- valía cada barra de oro 
invertido en su construcción.Era un castillo artillado de pa-
redes lisas, con una planta baja y dos pisos. Sus tres hileras de 
ventanas enrejadas escondían, en algunos casos, las portas de las 
casamatas de los cañones y, en otros, las habitaciones de la tropa.

Héroes
Historia Secreta de Chile
Jorge Baradit
Primera edición Septiembre 2019
183 páginas

ÁGUEDA MONASTERIO
Espía y agitadora de nuestra independencia

En el colegio nos enseñan la Independencia de Chile como 
si se tratara de un proceso lineal que comienza de repente en 
1810 con la primera junta de gobierno y que termina con la 
batalla de Maipú, en 1818. Nos explican el proceso como si 
fuera un partido de fútbol.

El pitazo inicial del primer tiempo, la Patria Vieja, lo da 
Mateo de Toro y Zambrano. En la cancha se enfrentan los Ca-
rrera, O’Higgins y sus hombres contra los malditos españoles 
(que en realidad también eran chilenos, sólo que partidarios 
de seguir siendo súbditos del imperio español). La estrate-
gia de los primeros minutos de partido parece responder a la 
perfección al plan, pero pronto los realistas contratacan con 
fuerza. A Carrera le pesa la camiseta de estratega, por lo que le 
quitan la jineta de capitán y se le entregará O’Higgins, quien 
tampoco de la talla al momento de reordenar sus líneas. Los 
realistas continúan presionando y avanzan desde Talcahuano 
hasta tomarse el medio campo. Los patriotas retroceden, pe-
leándose entre ellos. Nuestro equipo ya es una bolsa de gatos 
ególatras y siguen perdiendo metros hasta que ¡paf!, a la altura 
de Rancagua, el área chica, sufren un ataque coordinado que 
simplemente los hace pedazos. Uno a cero.



El manto 
Marcela Serrano 
Primera edición noviembre de 2019 
184 páginas 
Penguin Random House Grupo Editorial

Alguna vela llevo yo en este entierro. Después de todo, 
mi hija heredó su nombre. 

Se llamaba Margarita María Macarena. Muchas M a
cuestas. Nació el 15 de junio de 1950, en la mitad del 
año que dividió en dos el siglo pasado. La tercera de 
cinco hermanas, otra vez al medio. Todo partido por la 
mitad. Era Géminis.

jueves, 10 de octubre de 2024


Estrella 
Roberto Fuentes 
1era edición marzo de 2016 
Penguin Random House Grupo Editorial 
Nube de tinta

Cuando vi que ella entraba a la sala, no me di cuenta 
de que estaba haciendo acompañada por el profesor 
Cofré; solo noté a una niña delgada con pelo negro, 
pero con el pelo negro más brillante que había visto 
hasta entonces. Creo que únicamente en el espacio 
interestelar algo tan oscuro puede brillar tanto.
- Es su compañera nueva- dijo el profesor, y 
recién en este momento advertí que también estaba 
ahí ese hombre gigante, flaco y de barba chistosa 
que me enseñaba casi todas las materias.

Küyen
Roberto Fuentes 
1era Edición abril de 2017
249 páginas 
Penguin Random House Grupo Editorial 
Nube de tinta.

Kiñe

Cuando estoy aburrida me voy a una Iglesia ca-
tólica que está por acá cerca. Me siento en una 
banca al fondo y, si tengo suerte, logro sentir-
me tranquila. A veces cierro los ojos y trato de 
escuchar el viento entre las ramas de los árbo-
les que hay en el antejardín. Tengo muy buen 
oído. Otras, sólo me quedo mirando las vigas 
en el techo. Me encanta el color de la madera, 
su textura, los nudos que se forman; es como si 
pudiera ver ahí el inicio de nuestro mundo, lo 
que fuimos antes, eso que nunca quiero dejar 
de ser...

Por qué soy Católico
Rafael Gumucio 
1era edición marzo de 2019 
122 páginas
Penguin Random House Grupo Editorial

Hoy, domingo 21 de enero de 2018, el papa 
Francisco acabo de dejar nuestro país. Antes de 
su llegada resultaba difícil declararse católico 
en Chile; a seis días de su visita, resulta simple-
mente bochornoso. Frío a pesar de su intentos 
de sonreír todo el tiempo, lejano a pesar del 
uso del lunfardo y la jerga juvenil, el poco ca-
pital simbólico que consiguió usando zapatos 
viejos y alojando en hostales de mala muerte 
lo malgastó defendiendo al obispo Juan Barros, 
encubridor de los abusos sexuales del cura Fer-
nando Karadima -un mitómano ultraconser-
vador obsesionado con la pureza de la virgen 
y la eyaculación de sus discípulos-. Karadima 
formó al menos a cuatro de los obispos que 
celebraron con el Papa una misa en el des-
campado más vacío que haya presenciado ja-
más un santo padre en América Latina.

sábado, 15 de enero de 2022





Historia secreta de Chile 2
Jorge Baradit
Primera Edición, Julio 2016
189 Páginas
Penguin Random House