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sábado, 30 de mayo de 2026


Fatamorgana de amor con banda de música
Hernán Rivera Letelier
286 Páginas 
1era Edición Junio 2003
LaTercera

Personajes:
Bello Sandalio
Golondrina del Rosario

martes, 28 de abril de 2026


Los trenes se van al purgatorio
Hernán Rivera Letelier
157 Páginas 
1era Edición Junio 2003
LaTercera

lunes, 9 de febrero de 2026


Del diario de vida que nunca escribí
Hernán Rivera Letelier 
1era edición Mayo 2024
134 páginas
Alfaguara 

lunes, 2 de febrero de 2026


La vida oculta de un escritor
Hernán Rivera Letelier 
1era edición Julio 2023
174 páginas
Alfaguara 


El vendedor de pájaros 
Hernán Rivera Letelier 
1era edición Mayo 2014
217 páginas
Alfaguara 

sábado, 6 de septiembre de 2025


La muerte se desnuda en La Habana
Hernán Rivera Letelier 
1era edición Octubre 2017
177 páginas 
Alfaguara 

sábado, 30 de agosto de 2025


El secuestro de la hermana Tegualda 
Hernán Rivera Letelier 
Primera edición mayo de 2021 
108 páginas
Penguin Random House Grupo Editorial 

lunes, 26 de agosto de 2024

La muerte tiene olor a pachulí
Hernán Rivera Letelier
Primera edición junio de de 2016
155 páginas
Alfaguara


Primera parte 
1
El túnel fue descubierto a poco de haber co-
menzado los trabajos de demolición de la cárcel y a 
tres meses del traslado de los presos al nuevo recinto 
penal, construido veinte kilómetros al oriente de la 
ciudad, al otro lado del frontón de cerros áridos que 
separa la urbe del desierto. 
El acarreo de los internos había sido expedito y sin 
problemas, salvo por la protesta de los familiares que 
reclamaban, con justa razón, que ahora les iba a ser 
más difícil y oneroso ir a visitarlos. Una vez evacuada, 
la cárcel vieja fue invadida por hordas de obreros que, 
con sus cascos y overoles, sus herramientas y su pesada 
maquinaria, comenzaron a derribarla aceleradamente 
(ya se sospechaba que, pese a los reclamos de las enti-
dades culturales de la ciudad, en sus terrenos se alzaría
un moderno mall -otro más-, todo acrílico, acero 
inoxidable y escaleras mecánicas). Cuando los traba-
jos de demolición ya iban avanzados y se taladraba el 
piso ajedrezado de la parroquia, justo detrás de donde 
había estado el altar mayor, apareció la boca del túnel. 
La extrañeza que causó hallazgo entre las autorida-
des era comprensible: en el largo historial del recinto, 
que abarcaba ciento seis años desde su inauguración, 
no figuraba ninguna fuga por vía subterránea. La Es-
trella del Norte, el más popular diario de la ciudad, 
envió a cubrir la noticia un joven periodista recién 
egresado, que en sus ratos libres escribía poemas…

martes, 30 de julio de 2024



El autodidacta
Hernán Rivera Letelier
138 Páginas 
1era Edición Agosto 2019
Alfaguara

En la única librería del campamento lo único que no
había eran libros. Rumbo a la función de cine de las dos
de la tarde - daban una de Marilyn Monroe-, miré
hacía la vidrieria por inercia: entre carpetas, cuadernos
y sobres de cartas, como un pez de color de un acuario
de sardinas, remumbrada la portada de un libro. Si no es 
un recetario de cocina, me dije, es un cancionero de la 
Nueva Ola, de esos que traen posturas para rasguear los 
temas en guitarra.
Yo no cocinaba ni tocaba guitarra.
Me acerqué al vidrio: Antología de la poesía chilena
contemporánea, de Alfonso Calderón. No podía creerlo. 
A mis diecinueve años, nunca había tenido un libro de
poesía en mis manos. Lo más intelectual que conocía 
hasta entonces, aparte de la Biblia, el solo libro que hubo
siempre en casa, eran algunos números viejos de las Se-
lecciones del Reader's Digest que me prestaba un amigo.
Había empezado a escribir poemas en el campa-
mento donde me criara, y estaba en la etapa del primer
amor, en donde hasta lo más banal y pedestre adquiere,
a los ojos de pájaro del poeta nuevo, un unto de liris-
mo, un vértigo de descubrimiento. Sin embargo, toda...

El hombre que miraba al cielo
Hernán Rivera Letelier
98 Páginas 
1era Edición Mayo 2018
Alfaguara

Fue un lunes de aluminio -los lunes son de alu-
minio- cuando la figura del hombre apareció
entre la gente. Se pará en una esquina del paseo 
Prat, alzó la cabeza y se puso a mirar al cielo. Eso 
fue todo. 
Era mediodía.
El paseo, como siempre a esa hora, desbordaba
de gente y, entre la gente, personajes de todas layas
y pelajes hacían su agosto: comerciantes, músi-
cos, malabaristas, pordioseros -cojos, mancos,
ciegos-, y más de algún predicador de Biblia en 
ristre anunciando el fin de los tiempos tal como se 
anuncia un espectáculo circense. Además, ahora 
último habían aparecido grupos de personas que 
se paraban en las esquinas mostrando un letrero:
se regalan abrazos. Pocos eran los que se acerca-
ban, la gente parecía temer al abrazo de un des-
conocido o desconocida, así tuvieran cara de pan 
de dios...

domingo, 23 de junio de 2024



Hombres que llegan a un pueblo
Hernán Rivera Letelier
315 Páginas 
1era Edición Agosto 2022
Alfaguara

Un hombre llega a Altagracia
Un hombre llega a Tricolor
Un hombre llega a Los Dones

Ahí va Tristán el Triste, profesor de música y genio del
violín, aunque él no lo acepte. Ahí va tranqueando en
pleno desierto, siguiendo una ardiente huella de tierra
camino a su confinamiento.
Es pasado el mediodía y en el aire no flamea una
hilacha de viento.
Sobre su cabeza el sol es una piedra en llamas.


martes, 7 de junio de 2016

Hernán Rivera Letelier

Bibliografía

  • Poemas y pomadas, 1987
  • Cuentos breves y cuescos de brevas, microcuentos, 1990
  • La reina Isabel cantaba rancheras, 1994
  • Himno del ángel parado en una pata, 1996
  • Fatamorgana de amor con banda de música, 1998
  • Donde mueren los valientes, relatos, 1999
  • Los trenes se van al Purgatorio, 2000
  • Santa María de las flores negras, 2002
  • Canción para caminar sobre las aguas,2004
  • Romance del duende que me escribe las novelas, 2005
  • El fantasista, 2006
  • Mi nombre es Malarrosa, 2008
  • La contadora de películas, 2009
  • El arte de la resurrección, 2010
  • El escritor de epitafios, 2011
  • Historia de amor con hombre bailando, 2013
  • El vendedor de pájaros, 2014
  • La muerte es una vieja historia, 2015
  • La muerte tiene olor a pachulí, Alfaguara, 2016
  • La muerte se desnuda en La Habana, Alfaguara, 2017
  • El hombre que miraba al cielo, Alfaguara, 2018
  • El autodidacta, Alfaguara, 2019
  • El secuestro de la hermana Tegualda, Alfaguara, 2021
  • Hombres que llegan a un pueblo, Alfaguara, 2022
  • La vida oculta de un escritor, Alfaguara, 2023
  • Del divino tesoro de mi juventud, Alfaguara, 2023.
  • Del Diario de vida que nunca escribí, Alfaguara, 2024.

viernes, 6 de mayo de 2016

La muerte es una vieja historia


La muerte es una vieja historia
Hernán Rivera Letelier
204 páginas
1era Edición, Marzo 2015
Alfaguara

domingo, 20 de marzo de 2016

El escritor de epitafios


El escritor de epitafios
Hernán Rivera Letelier
130 páginas
1era Edición, Junio 2011
Alfaguara

lunes, 24 de enero de 2011

El arte de la resurrección


La pequeña plaza de piedra parecía flotar en la
reverberación del mediodía ardiente cuando el Cristo
de Elqui, de rodillas en el suelo, el rostro alzado hacia
lo alto- las crenchas de su pelo negreando bajo el sol
atacameño-, se sintió caer en un estado de éxtasis. No
era para menos: acababa de resucitar a un muerto.
De los años que llevaba predicando sus axiomas,
consejos y sanos pensamientos en bien de la Humani-
dad- y anunciando de pasadita que el día del Juicio
Final estaba a las puertas, arrepentíos, pecadores, antes
de que sea demasiado tarde-, era la primera vez que
vivía un suceso de magnitud tan sublime. Y había acon-
tecido en el clima árido del desierto de Atacama, más
exactamente en el erial de una plaza de oficina salitrera,
el lugar menos aparente para un milagro. Y, por si fue-
ra poco, el muerto se llamaba Lázaro...

En 1942, Domingo Zárate Vera, más conocido como el Cristo de Elqui, un vagabundo que se cree la reencarnación de Cristo y que desde los treinta y tres años lleva diez predicando por las tierras chilenas, se entera de que en una de las oficinas salitreras vive una prostituta que siente veneración por la Virgen del Carmen y a la que sus clientes consideran una verdadera creyente, Magalena Mercado.

El arte de la resurrección
Hernán Rivera Letelier
264 Páginas
Primera Edición, Mayo 2010
Alfaguara


viernes, 1 de enero de 2010

La contadora de películas

"Como en casa el dinero andaba a caballo y nosotros a pie, cuando a la Oficina llegaba una película que a mi padre —sólo por el nombre del actor o de la actriz principal— le parecía buena, se juntaban las monedas una a una, lo justo para un boleto, y me mandaban a mí a verla. Después, al llegar del cine, tenía que contársela a la familia reunida en pleno en la pieza del living..."

Así comienza el nuevo libro de Hernán Rivera Letelier quién nos presenta la historia de María Margarita, una niña con el extraño don de contar películas

«Mientras tomaba mi taza de té y me preparaba a contar la película de pie contra la pared blanca, mi padre no se cansaba de repetir a sus invitados que aunque la película fuera en blanco y negro y a medida pantalla, esta niñita, compadres, parece que la contara en tecnicolor y cinemascope.»

La contadora de películas
Hernán Rivera Letelier
118 Páginas
1era Edición, Mayo 2009
Alfaguara

domingo, 8 de febrero de 2009

Romance del duende que me escribe las novelas



"Es mejor callar si lo que se va decir no es más bello que el silencio", asi empieza esta novela de Hernán Rivera Letelier,
quién cuenta su propia historia, o la de su alter ego, Brando Taberna, o mejor dicho, de Hidelbrando del Carmen o Mario Madero como hace llamarse al final de la novela.

Un historia que ocurre en la pampa, en el Norte Grande, en la oficina salitrera Buenaventura, donde Rivera Letelier comienza a recordar su infancia, los primeros amores, la muerte de sus hermanos - que según las creencias antiguas se convertían en angelitos-, de los primeros poemas escritos, del traslado a la ciudad de Antofagasta debido al cierre de la oficina Salitrera.

Pero el recuerdo más importante es el de su amigo Duende, a quién descubrió en la cocina cuando tenía 6 años, el mismo que sacaba sus bolitas de vidrio del tarro de cocoa Raff, a quien le regalo su bolita preferida, su tincoyo, el que lo ayudaba en las noches con sus tareas. El duende que siempre lo aconsejo, el mismo que lo ayudó a escribir este poema, con el cual ganó su primer concurso literario.

Canción del Desierto

Yo no canto al desierto dubujado en los mapas,
coloreado en café y surcado de rayas
el que el dedo recorre sin bajar sus quebradas,
sin oír sus silencios, sin otear sus distancias.
Yo no canto al desierto dubujado en los mapas.

El desierto al que canto es el desierto del alma,
ese cartografiado en la piel de la cara,
el que habita conmigo, el que tengo por casa
- mi altar es una piedra y mi patio es la pampa-.
El desierto al que canto es el desierto del alma.

Yo no canto al desierto descubierto en postales,
ese coleccionado en recuerdos de viajes,
donde le sol es un globo y los cielos vitrales
y todo tiene un dejo de idílico paisaje.
Yo no canto al desierto descubierto en postales.

El desierto al que canto es el desierto de sangre,
el de gestas heroícas, el de atroces masacres,
el de días ardientes, el de noches glaciales,
el de vientos que hieren con esquirlas de sales.
El desierto al que canto es el desierto de sangre.

Yo no canto al desierto que cuentas los turistas
- entrevisto de lejos y bajo una sombrilla-,
el de piedras guardadas como cosas bonitas,
el de cerros en poses para fotografías.
Yo no canto al desierto que cuentas los turistas.

El desierto al que canto es el de toda una vida
en busca de una huella o una veta perdida,
el de piedras que estallan en su sed infinita,
el de espejismos azules y soledades sin orillas.
El desierto al que canto es el de toda una vida.

Yo no canto al desierto de los que un día de fueran
sin sentir que morían -como irse de una fiesta-,
y no dejaron nada, ni siquiera un huella;
su paso fue una nube que ninguno recuerda.
Yo no canto al desierto de los que un día de fueran.

El desierto al que canto es el de los que se quedan,
Y un día se van, su recuerdo es estrella,
pues al volver su cabeza su alma
se les queda como un cráneo de vaca condecorando la arena.
El desierto al que canto es el de los que se quedan.

Yo no canto al desierto con la voz del poeta;
cuando yo canto al desierto, las que cantan son las piedras.


Al final el niño se hace hombre, y deja de ver su duende, pero no deja de sentirlo y nunca se olvidan los consejos.

"Desde esa vez, y a lo largo de toda mi vida, he tratado de seguir el consejo de mi duende. No hablar más de lo necesario. Oír más que hablar.
Después me dediqué a la escritura, y bien se sabe que escribir es hablar en silencio (y el que habla en silencio, con Dios habla). Y si aquella fue una gran lección, la última no fue menos sabía. Sucedió después de haber publicado mi primer libro.
Apelando a la aparición de gracia uno pierde la facultad de ver a su duende al dejar de ser niño y sólo le es concedida una sola aparición más en la vida-, lo llamé para comunicarle mi intención de contar sobre su existencia."

miércoles, 7 de enero de 2009

Mi nombre es Malarrosa


Mi nombre es Malarrosa y me gusta mucho, y no pienso cambiármelo por nada del mundo...

Una nueva historia de la pampa vivida en Yungay, nos trae Hernán Rivera Letelier, y nos vuelve a cautivar con los espejismos del desierto, pero llenos de historias humanas que calan hondo en el lector. Esta vez, quien nos agarra la mano para hacernos vivir esta historia es Malarrosa, una niña pampina que fue vestida como hombre, que maquillaba los muertos, que veía espejismos como sueños premonitorios, que amaba a su padre por sobre todas las cosas, que amo en silencio, que solo confiaba en los hombres a los cuales podía imaginárselos como niño, que amaba los pájaros, que se hizo mujer en el más antiguo de los oficios.
Su padre, Saladino Robles, tahúr empedernido de pocker la hizo recorrer cuanta oficina salitrera tuvo cerca, siempre en compañía de quien le salvara la vida en la Matanza de Obreros de San Gregorio, el púgil Oliverio Trévol. Estos tres personajes dan vida a una de las historia más lindas de la pampa, de la ya desaparecida pampa.

"...Tras barajar las cartas, las ponía en el piso y la llamaba a ella para que cortara. Corta Malita, le decía. Ella, como tantas veces se lo había repetido en vida, le respondía que no, papá, que no quería aprender a jugar, cuántas veces
tenía que decírselo. Vamos, Malita, corta, insistía él. con una expresión de tristeza que ella no pudo soportar. Y cortaba. Entonces su padre, sonriendo de una manera muy linda, tomaba el mazo de naipes, lo lanzaba al aire en un paso de mago y en el
aire las cincuenta y dos cartas se convertían en cincuenta y dos pajaritos de colores que revoloteaban trinando por el interior de la casa mientras ella, loca de alegría, saltaba tratando de atraparlos con su gorra."

sábado, 13 de diciembre de 2008

Donde mueren los valientes



Donde mueren los valientes, libro de relatos de Hernán Rivera Letelier, empieza con un relato potente, Por favor Brando, no te hagas nunca famoso, el desquite no pensado de un escritor pampino.
Le sigue más adelante el relato que da título al Libro, una plegaria al tiro penal. También destaca Plegaria por el nuevo rico.
En Lentes Oscuros / Gafas Ahumadas, volvi a escontrarme con Brando Taberna...otrora Hidelbrando del Carmen...

Acá les dejó uno de sus relatos.

COMO DE COSTUMBRE

Después de pasar la tarde en la plaza de costumbre - sentado en el escaño de costumbre-, el viejo se ha recogifo temprano como es su costumbre. Sentado al borde de su cama, fría como de costumbre, comienza a desvertirse pausadamente como tiene por costumbre. Entre prenda y prenda, y casi por costumbre, se queda un rato contemplando su sombra, negra como de costumbre. Dobla meticulosamente su ropa en la forma de costumbre y la deja sobre la silla, coja por costumbre. En su listado pijamas de costumbre, tras entrar al baño demorando lo de costumbre, revisa llaves y cerrojos como es su costumbre. Desde el piso de arriba, como de costumbre, llega ruido de fiesta. Putea, como de costumbre. Pone su despertador a la hora de costumbre, y con la plástica indiferencia que da la costumbre, luego de apagar las luces, se pega el tipo de costumbre.