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viernes, 30 de noviembre de 2012

Y tú no me respondes



El lamentable estado espiritual que azotaba la paz
de mis nervios en esos momentos, se acentuó grave-
mente cuando me abandonó María, al parecer para
siempre, después de un calamitoso viaje al D.F. que
tuve que emprender solo como perro enfermo.

A mi antepasado Gaspar de la Encina, su esposa,
María Leonor (¡también María!), no lo abandonó, ya
que fue él mismo quien deseó enrolarse al servicio
del Emperador Carlos V para lanzar sus pasos en busca
de los regalos que pudieran ofrecer las nuevas tierras
pródigas en riquezas que pocos años antes descu-
briera Cristóbal Colón. Amores van, amores vienen.

Y tú no me respondes
Poli Délano
107 páginas
Segunda Edición, Agosto de 2010
Mondadori

domingo, 21 de marzo de 2010

Gente que baila sola

Muy buenos cuentos trae el segundo libro de Marcelo Lillo, Gente que baila sola. La lista de cuento es:

-El artista del barrio
-Apaga la luz
-Plegaria por Mustafá, buenísimo.
-Via Crucis
-Noche de reyezuelos
-Lavanda
-¿Hasta cuándo crees que voy a amarte?
-Hablando de ballenas
-La enfermedad, buenísimo.
-Los pobres no pueden esperar
-Cazadores
-Gente que baila sola, buenísimo.
-El otro Mississipi, buenísimo.

Gente que baila sola
Marcelo Lillo
212 Páginas
1era Edición Junio 2009
Mondadori

lunes, 22 de febrero de 2010

El fumador

Por fin llegó a mis manos el libro de cuentos de Marcelo Lillo...Buenisimo, simple, directo. Historias sobre parejas de cesantes que ven TV todo el día, un escritor itinerante que vende sus propios libros y pueblos sureños donde el boxeo es la única alegría.

El fumador y otros relatos
Marcelo Lillo
130 Páginas
1era Edición Julio 2008
Mondadori

La deuda

Recuperada la democracia en Chile, Fernando Girón ya ha montado su propia productora audiovisual, se ha casado con Fernanda, una bella mujer de clase alta, y piensa realizar el sueño de su vida: llevar al cine el guión que escribió hace años. Sin embargo, de un día para otro, su amigo y colaborador decide estafarlo, y junto a él, a políticos, artistas y miembros de la farándula, para luego huir del país. La deuda es una novela que retrata el derrumbe moral de Fernando, un personaje que parece necesitar de este obstáculo para abrir los ojos frente a la crisis de su matrimonio y al despiadado desequilibrio social que hay en Chile. Demandas, corrupción política, amor y desamor, son algunos de los ingredientes que se mezclan en esta novela fascinante.

La deuda
Rafael Gumucio
352 Páginas
1era Edición Abril 2009
Mondadori

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Bosque quemado

Primer libro que leo de Roberto Brodsky. Y creo que tuve mucha fortuna.

“Bosque quemado”, alude a la metáfora utilizada por un médico para describir el cerebro de un enfermo de alzheimer en su fase aguda, “un bosque quemado donde todavía quedan algunos árboles y ramas humeantes”. El enfermo es Moisés, padre del narrador, un médico cardiólogo y militante del Partido Comunista quién es acompañado en varios pasajes de su vida por su hijo. Es este, en una especia de biografía novelada quién cuenta la historia en primera persona.

Les dejo un extracto del libro.




- Te llama, quiere verte - dijo mi hermano acercándose.
- ¿A mi?
- Sí. Pidió hablar contigo.
Fue como un llamado de atención al grupo. Victoria me
frotó el hombro. La sala se había llenado otra vez con los que
venían de la pieza. Flotaba un aire espeso, de marejada conte-
nida. Salí hacia la habitación y al entrar cerré la puerta a mis
espaldas. Los brazos extendidos de mi madre buscaban en som-
bras un muro donde apoyarse. Tomé asiento a su lado y recogí
el cuerpo que se inclinaba hacia adelante. Respiraba con una
lentitud conmovedora, tardíamente, como un ahogado que
desfallece de hipotermia. Aferró su pecho contra el mío. Esta-
ba confundida, o asustada. No entendía. Murmuró un quejido
en mi oído, lento y angustioso, y sólo entonces el candado de
la conciencia saltó por completo. Esto era la muerte. Era real.
Lo veía: algo físico y pegado al cuerpo que despedía un olor
amargo. Me solté de su apriete. Ella quería despedirse, y yo
hablarle. Acaricié el rostro pálido y tembloroso que comen-
zaba a perderse con la mirada enloquecida. Una caricia de
agua, casi. Tranquila, le dije: no va a pasar nada malo, quédate
quieta, yo te acompaño, descansa, eres tan bella, eres tan her-
mosa, palabras delicadas e imposibles que me venían de un lu-
gar desconocido y pauseaban un resuello tibio, hasta que se fue
apagando del todo, bajando la frecuencia del jadeo a medida
que nos acercábamos. Era dulce tenerla así, apoyada de espal-
das entre los brazos mientras nos despedíamos con los ojos
fijos en una quietud de pronto más altiva que vencida. Ya res-
piraba más tranquila. Ya no respiraba o se deslizaba fuera, ha-
cia una entrada oscura donde apenas sí lograba distinguirla, y
sostuve el cuerpo en la misma posición inclinada hasta dejar
de oírla. No hubo una sacudida ni un estertor final, sólo un
hilo muy fino y nítido que se contraía y dilataba. Hasta que se
rompió. Fue un instante solo. Quedé inmóvil yo también, y
luego no. Arrullé el cuerpo sin que nada enturbiara el reflujo
que comenzaba a llenar la habitación. La serenidad parecía ha-
ber ocupado mi puesto. Permanecí un largo rato así, con mi
madre en los brazos tan firmemente aferrada que oía su muer-
te llevando el pulso. Luego la separé y recliné sus espaldas a lo
largo de la cama, con la cabeza libre de los almohadones que
molestaban. Creo que caminé por el cuarto de una lado a otro,
deteniéndole un par de veces a observar la rigidez del cuerpo,
y luego salí hacia la sala donde todos aguardaban expectantes.
- Murió - dije, sin expresión alguna, apareciendo en busca
de un asiento como si volviera de la ducha que tan sólo unas
horas antes me había saltado.

Bosque Quemado
Roberto Brodsky
232 Páginas
1era Edición, Julio 2008
Mondadori