J.R.R Tolkien
El señor de los anillos, las dos Torres
La partida de Boromir Aragón trepó rápidamente por la colina. De vez en cuando se inclinaba hasta el suelo. Los Hobbits tienen el paso leve y no dejan huella fáciles de leer, ni siquiera para un montarás, pero no lejos de la cima, un manantial, cruzaba el sendero, y ahora golpeó la tierra húmeda, lo que estaba buscando.Interpreto bien, los signos se dijo. Frodo corrido a lo harto de la colina que habrá visto. allí me pregunto, pero luego bajó por el mismo camino.
Ana cortó. Hubiera querido que el mismo hasta el elevado auxiliar, esperando ver algo que lo orientase de algún modo, pero el tiempo premiada. De pronto dio un salto hacia delante, y corrió a la cima; atravesó las grandes losas y subió por los escalones. Luego, sentándoselo en lo harto del cereal, miró alrededor. Pero el sol, parecido oscuro, y el mundo apagado y lejano.Se volvió desde el norte, y dio una vuelta completa, hasta mirar de nuevo al norte, y no vio nada, excepto las colinas distantes, aunque ya lo lejos, la forma de un pájaro grande, parecido a un águila, planeaba en el cielo, otra vez, y descendía a tierra en círculos, amplios y lentos.
Aún mientras observaba, alcanzó oír unos sonidos débiles en el bosque que se extendían allá abajo al oeste del río. Se enderezó. Eran gritos, y entre ellos reconoció con horror, las voces roncas de los orcos. Un instante, después resonó de súbito la llamada profundo y gutural de un cuerno, y lo secos, golpearon las colinas y se extendieron por lasabandonadas, elevándose sobre el rugido de las aguas en un poderoso glamour.
El cuerno de Boromir gritó Vargas Boromir está en dificultades, se lanzó escalones abajo y se alejó, saltando por el sendero, ay hoy me persigue un destino Festo, y todo lo que hago sale torcido. Dónde está dónde está Sam, mientras corría los gritos, aumentaron, pero la llamada del cuerno era ahora más débil y más desesperada. Los aullidos de los orcos se alzaron feroces y agudos, y de pronto el cuerno cayó. Ágora bajó a todo correr la última pendiente, pero antes que antes que llegara al pie de la colina, los sonidos fueron pagándose, y cuando dobló la izquierda para correr tras sellos, comenzaron a retirarse hasta que al fin ya no pudo irlos.Sacando la espada, brillante, gritando, Lenin Elendil se precipitó entre los árboles.
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