Bienvenidos a mi espacio virtual donde dejaré mi música, mis prosas, mis lecturas, mis historias. Recíbanlo con cariño, ya que con cariño lo hago y lo seguiré haciendo...(Selk'nam)
domingo, 26 de octubre de 2025
sábado, 25 de octubre de 2025
sábado, 18 de octubre de 2025
¿Por qué amamos la pelota?
Roberto Meléndez
1era edición Junio 2017
212 páginas
SUDAMERICA, Penguin Random House Grupo Editorial
La señora Mireya
Todos los días después del almuerzo hasta la hora de la once
empezaba la batalla en el pasaje: dos equipos, sin camisetas y
a la vista tú pa allá, tú pa acá, buscando que quedara parejito.
Y le dábamos y le dábamos, sin cansancio. Nos reíamos, nos
picábamos, peleábamos, crecíamos. Pero había una villana,
una enemiga: la señora Mireya. "Hueón, que no se te vaya la
pelota para allá, ¡porfa!", era un ruego asumido por todos
y que nunca, ningún día, se cumplía. ¡Y pam!. Un pelotazo
se escapa a las plantas de la casa de la señora Mireya. Había
veces en que éramos más rápidos y conseguíamos saltar la
reja, pisar un par de plantas y volver con el tesoro. Pero la
mayoría de las veces, bien pendiente, bien astuta, ella apare-
cía y con semblante serio la tomaba y simplemente se llevaba
la pelota.
A veces, después de horas y horas, 54 a 54, caí el balón
en su jardín y cagábamos. Obvio que podíamos ir a jugar a
otro lado, pero era el único lugar propio, nuestro, donde no
debíamos esperar que hubiese alguien. Era perfecto, salvo por
la señora Mireya. Al final del día alguno de nuestros padres
iba donde ella y rescataba la pelota, pero ella no alteraba su
posición. "¡Esto no es un estadio!", decía, y fin del tema. Y así
fue hasta que ya jugábamos menos, y el horario del colegio
iba ahogando, y las espinillas eran testimonios de que la de al
frente no era sólo una vecina y el corazón como que latía.
Hoy, después de mucho, tras haberme cambiado de casa,
pasé por ese mismo pasaje: me sorprendió y emocionó ver
que había cabros chicos jugando en la calle, y ahí, más viejita,
pero bien atenta, estaba la señora Mireya, sentada en una ban-
ca. Cuando ya me iba a escuché un pelotazo y un "¡¡noooooo,
pa allá noooo"... Me di vuelta y la señora Mireya, con el
mismo semblante de siempre, se paró bien rápido y atrapó la
pelota. No la devolvió, al contrario, se entró a la casa. Y ahí
me di cuenta de que ella, a su modo, también estaba jugando,
y lo sigue haciendo.
domingo, 12 de octubre de 2025
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viernes, 3 de octubre de 2025
Marcelo Simonetti
Ilustración de portada: Ikenaga Yasunari
1era edición Abril 2020
206 páginas
Emecé
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