miércoles, 5 de octubre de 2011

Cita en el Azul Profundo


I AZUL PACIFICO

Una calurosa noche de enero, tras acomodarse en el
último taburete de la barra del Azul Profundo, Ca-
yetano Brulé ordenó un mojito. Gente de mediana
edad, vestida a la moda, con aire de intelectuales
sesudos, políticos renovados o nuevos ricos,
conversaba animadamente en las mesas del restau-
tante disfrutando los platos de mariscos y pescados
mientras una grabación del insuperable Coleman
Hawkins brindaba la música de fondo.

El barman, un joven de ojos penetrantes y cola de
caballo azabache, examinó divertido la corbata lila co
guanaquitos y la chaqueta brillosa de solapa ancha de
aquel bigotudo de anteojos gruesos e incipiente calvi-
ta, personaje, por cierto, inusual en ese escenario ca-
pitalino, y luego comenzó a combinar el Havana Club
con jugo de limón, azúcar u hojas de yerbabuena.


Cita en el Azul Profundo
Roberto Ampuero
360 Páginas
Primera Edición, 2002
Planeta

viernes, 23 de septiembre de 2011

La amigdalitis de Tarzan


Prehistoria de amor

Diablos... Tener que pensar, ahora, al cabo
de tantos, tantísimos años, que en el fondo fui-
mos mejores por carta. Y que la vida le metió a
nuestra relación más palo que a reo amotinado,
también, claro. Pero algo sumamente valioso y
hermoso sucedió siempre entre nosotros, eso sí.
Y es que si a la realidad se la puede comparar
con un puerto en el que hacen escala paquebotes
de antaño y relucientes cruceros de etiqueta y
traje largo, Fernando María y yo fuimos siempre
pasajeros de primera clase, en cada una de nues-
tras escalas en la realidad del otro. Esto nos unió
desde el primer momento, creo yo. Y también
aquello de no haberle podido hacer daño nunca
a nadie, me imagino.

Hermoso libro. Un historia hilarente y conmovedora.


La amigdalitis de Tarzan
Alfredo Bryce Echenique
332 Páginas
Primera Edición, Junio 2000.
Punto de Lectura

El fabricante de ausencias


UNO
Cita en Púrpura

-¡Señor Igual! - escuchó el hombre desde su dormitorio.
Era pasado el mediodía.
Juan Igual era un individuo cargado de años, pero lejos
de la ancianidad. Su pelo crespo era más incoloro que cano
y la sombra de su nariz larga y delgada alcanzaba su mandí
bula prominente. Sus patillas cubrían el lóbulo de la oreja y
tenía los ojos rasgados y pequeños. Su altura no llamaba la
atención, pero sí sus manos, de dedos cortos y articulaciones
gruesas. Se incorporó con dificultad, doblando el torso sobre
su abdomen y estirando la pierna izquierda. Luego, con sus
manos, colocó el muñón de la derecha en el borde de la
cama, y tomó las muletas y se puso de pie. La bata se desplegó,
ocultando la ausencia de la extremidad. Se dirigió a la puerta
y la abrió. Dos hombres esperaban bajo la llovizna de otoño:
el mensajero de la comunidad y otro, con galones y alamares
en uniforme amarillo y rojo, embarrado hasta las rodillas, cho-
rreando humedad desde su sombrero alón. Lo aguardaba un
percherón ensillado y con sus riendas libres. El mensajero
dio vuelta las manos mostrando sus palmas. Se gesto había
implicado que él no llevaba nada y que ninguna responsabili-
dad le cabía en lo que traía el segundo hombre, que no fuera
el haberlo guiado hasta allí. Y sin más se retiró. Juan invitó a
pasar al recién llegado, el que se despojó del sombrero y
agradeció con la cabeza. Ya dentro, abrió un morral de
cuero, sacó un sobre y se lo alcanzó a Igual.
- De parte de Su Santidad el Papa.

El fabricante de ausencias
Francisco Rivas
402 Páginas
Primera Edición, Septiembre 2009
Planeta

miércoles, 17 de agosto de 2011

Vidas ejemplares


Mi nombre es Karen Bascuñan. Mi signo es Acua-
rio. El 87 puse un aviso en el diario y conocí a
Rita. Arrendamos juntas un departamento en la
remodelación Paicaví. El departamento tenía tres
piezas. La basura pasaba los lunes, miércoles y
viernes. Yo antes vivía con mi papá. Mamá se ha-
bía ido de la casa el mismo año en que yo había re-
gresado de Estados Unidos; supongo que fue algo
simbólico. Mi padre me dijo un día que buscara en
qué ocupar mi vida. En casa pasaba la basura todos
los días de la semana; no sé si me comprenden.
Dejé mi casa y me olvidé de mi papá. Comencé
a trabajar. Vendía productos Avon, ventas por
catálogos. No ganaba mucho, pero era suficiente
para pagar mi parte del arriendo, la luz y el agua.


Vidas ejemplares
Sergio Gómez
206 Páginas
Primera Edición, 1994.
Planeta

Batman en Chile


La subsecretaria de relaciones públicas, señorita Juana
Sommers, recibió esa mañana, desde Pudahuel, y con carácter
de extrema urgencia, el siguiente llamado:
- Ring, ring. ¿Señorita Sommers? Bien, sabemos exactamente
su verdadero nommbre, Wilma. Soy el agente D 7083, del Federal
Bureau of Investigation. Descuide, hablo desde el teléfono del
salón rosa. La mujer puede ser tan inteligente como el hombre...
lo que ocurre parece un chiste de la CIA.
- ¿Un chiste de la CIA? No le entiendo inspector - dijo
ella en un castellano mucho más perfecto, pero sin hacer nin-
gún esfuerzo por concentrarse. Pensaba que su patrón acaso
hubiera regresadom como era su nueva costumbre, por unas
horas, desde las Bahamas y que la estaba observando por la
pantalla con creciente intensidad.

Batman en Chile
Enrique Lihn
168 Páginas
Primera Edición, Agosto 2008. (1973)
Ediciones Bordura