lunes, 5 de diciembre de 2011

Los reyes malditos IV : La ley de los varones


PRÓLOGO

Durante los tres siglos y cuarto desde la
elección de Hugo Capeto hasta la muerte de Felipe el Her-
moso, solamente once reyes ciñeron la corona de Francia,
y todos ellos dejaron un heredero a quien legarla.
¡Prodigiosa dinastía, ésta de los Capetos! Parecía que
el destino la había marcado con el signo de la perpetua-
ción. De los once reinados, solamente dos habían durado
menos de quince años.
A pesar de la mediocridad de algunos reyes, esta ex-
traordinaria continuidad en el ejercicio del poder había
contribuido a la formación de la unidad nacional.
El vínculo feudal, puramente personal, de vasallo a se-
ñor, de más débil a más fuerte, iba siendo sustituido pro-
gresivamente por este otro vínculo, este otro contrato que
une a los miembros de una amplia comunidad humana so-
metida durante largo tiempo a las mismas vicisitudes y a la
misma ley.
Aunque la idea de nación no se había plasmado toda-
vía, su esencia y su encarnación existían ya en la persona
del rey, fuente permanente de autoridad. Quien pensaba
en «el rey» pensaba también en «Francia».



Los Reyes Malditos IV
La ley de los varones
Maurice Druon
354 Páginas
Primera Edición, Junio 2003
Vergara

Los reyes malditos III : Los venenos de la corona


PRÓLOGO

Felipe el Hermoso había dejado Francia a la cabeza
del mundo occidental. Mediante negociaciones, bodas y
tratados, sin guerras ni conquistas, había expandido con-
siderablemente el territorio al mismo tiempo que se dedi-
caba con empeño a centralizar y reforzar el Estado. Sin
embargo, las instrucciones administrativas, financieras,
militares y políticas de las que quiso dotal al reino, revo-
lucionarias para la época, no estaban suficientemente
arraigadas en las costumbres ni en la historia para perpe-
tuarse sin la intervención personal de un monarca fuerte.
Seis meses después de la muerte del Rey de Hierro, la
mayor parte de sus reformas estaban condenadas a la de-
saparición, y sus esfuerzos al olvido.
Su hijo menor y sucesor, Luis X el Obstinado, intri-
gante, mediocre, incompetente y, desde el primer día de
su reinado, superado por su tarea, había descargado sin
dudarlo las responsabilidades del poder sobre su tío Car-
los de Valois, buen militar pero detestable gobernante,
cuyas turbulentas ambiciones, dirigidas largo tiempo a la
vana búsqueda de un trono, encontraron por fin en qué
emplearse.

Los Reyes Malditos III
Los venenos de la corona
Maurice Druon
300 Páginas
Primera Edición, Marzo 2003
Byblos

Los reyes malditos II : La reina estrangulada


PRÓLOGO

El 29 de noviembre de 1314, dos horas después del
toque de vísperas, veinticuatro correos con la librea de
Francia salían a galope del castillo de Fontainebleau. La
nieve cubría con un manto blanco los caminos del bos-
que; el cielo estaba más oscuro que la tierra. Ya era de
noche. Debido a un eclipse de sol, había sido de noche
durante todo el día.
Los veinticuatro jinetes no descansarían hasta el
amanecer, y quizá seguirían galopando toda la jornada y
los días siguientes, algunos hacia Flandes, otros hacia el
Angoumis y Guyenne, Dole en Comté, Rennes y Nan-
tes, Tolosa, Lyon, Aigues-Mortes, despertando a su paso
a las autoridades, bailíos y senecales, prebostes y capita-
nes, para anunciar en cada ciudad o pueblo del reino que
el rey Felipe IV, el Hermoso, había fallecido.

Los Reyes Malditos II
La reina estrangulada
Maurice Druon
300 Páginas
Primera Edición, Marzo 2003
Byblos

Los reyes malditos I : El rey de hierro


PRÓLOGO

Al comenzar el siglo XIV, Felipe IV, rey de legendaria belleza,
reinaba en Francia como amo absoluto. Había dominado el orgullo
guerrero de los altos barones, sofocado la sublevación flamenca, a
los ingleses en Aquitania e incluso el papado, al que había forzado
a instalarse en Aviñon. Los Parlamentos obedecían sus órdenes y
los concilios respondían a la paga que recibían.

El rey tenía tres hijos, de modo que su descendencia estaba ase-
gurada. Su hija se había casado con el rey de Inglaterra.

Seis de sus vasallos eran reyes y la red de sus alianzas se extendía
hasta Rusia. Ninguna riqueza escapaba de sus manos. Paso a paso,
había gravado los bienes de la Iglesia, expoliado a los judíos y ataca-
do a los banqueros lombardos.

Los reyes malditos I
El rey de hierro
Maurice Druon
300 Páginas
Primera Edición, Marzo 2003
Vergara

miércoles, 5 de octubre de 2011

Cita en el Azul Profundo


I AZUL PACIFICO

Una calurosa noche de enero, tras acomodarse en el
último taburete de la barra del Azul Profundo, Ca-
yetano Brulé ordenó un mojito. Gente de mediana
edad, vestida a la moda, con aire de intelectuales
sesudos, políticos renovados o nuevos ricos,
conversaba animadamente en las mesas del restau-
tante disfrutando los platos de mariscos y pescados
mientras una grabación del insuperable Coleman
Hawkins brindaba la música de fondo.

El barman, un joven de ojos penetrantes y cola de
caballo azabache, examinó divertido la corbata lila co
guanaquitos y la chaqueta brillosa de solapa ancha de
aquel bigotudo de anteojos gruesos e incipiente calvi-
ta, personaje, por cierto, inusual en ese escenario ca-
pitalino, y luego comenzó a combinar el Havana Club
con jugo de limón, azúcar u hojas de yerbabuena.


Cita en el Azul Profundo
Roberto Ampuero
360 Páginas
Primera Edición, 2002
Planeta