viernes, 29 de agosto de 2025


El brujo 
Álvaro Bisama
Primera edición agosto de 2016 
224 páginas
Alfaguara

Uno 
A veces me preguntan por mi padre y lo que 
hizo. 
En respuesta, yo cuento esto para explicar 
qué pasó con él.

Mi padre fue fotógrafo. Nos llamamos igual. 
Mi padre se hizo famoso en la década del ochen-
ta porque cubría protestas y movilizaciones. 
Trabajaba para una agencia inglesa de noticias. 
Antes había estudiado arte en la Universidad de 
Chile pero no termino. Yo ya había nacido. Yo 
era hijo de su mejor amiga del colegio, quien 
quedó embarazada en una duna de Reñaca, en 
un viaje escolar de fin de curso, en diciembre 
de 1979. Los dos estaban borrachos y creían ser 
parte de una comedia romántica escolar. Ha-
bían dado la PAA, querían entrar a la universi-
dad. Un mes después, ella quedó seleccionada 
en enfermería y él en arte.
Por supuesto, todo lo que tuvo que ver con 
mi nacimiento fue un desastre de proporcio-
nes. Se mudaron juntos. No tenían la más re-
mota idea de cómo iban a sobrevivir. Sus pa-
dres los odiaban y ellos dos se odiaban entre 
ellos. Mis tíos le dieron una paliza mi padre. 
Mi abuela paterna no le hablo por años a mi 
mamá. Ninguno de los dos tenía veinte años. 
La casa a la que se fueron a vivir quedaba en 
Ñuñoa, cerca de la calle Simón Bolívar. Era de 
un pariente que les cobraba un arriendo sim-
bólico. Fue el único que los ayudó. Les prestó 
la casa para que tuvieran algo de paz, algo de 
tranquilidad, cosa que no fue posible porque 
mi padre sufría depresión y muchas veces 
se quedaba bebiendo hasta tarde en bares o en 
plazas después de la universidad...


Mi pecado 
Javier Moro 
Primera edición abril de 2018 
382 páginas
Espasa 

Madrid, 1940-1943 
Sentada en el taburete Terciopelo, frente al tocador de 
su dormitorio, Conchita Montenegro se acercó al espejo. 
Con sus uñas brillantes talladas en forma de almendra, 
despegó una una de las finas tiras de esparadrapo que suje-
taban un palillo colocado entre las cejas, perpendicular a 
la nariz. Era un truco de Juana para luchar contra la arruga 
vertical del ceño, que ya asomaba. Juana era la más peque-
ña de sus tres hermanas y vaya ocurrencias tenía. Pero en la 
guerra contra los estragos de la edad, todo valía, no se po-
día despreciar ningún arma, ni siquiera un moldadientes.
Una vez despejado el rostro, se quedó mirándolo. Allí se-
guía esa arruguilla ceñuda, aunque amortiguada. Por lo 
demás, su cutis era un paisaje perfecto. Cuántos cumpli-
dos le había valido esa tez nacarada..., casi tanto como 
los dirigidos a su mirada voluptuosa o al "cristalino" tim-
bre de su voz. Aunque sólo ella, a fuerza de escudriñar el 
rostro poro a poro, al acecho cualquier cambio, por mí-
nimo que fuese, era capaz de detectar sus más sutiles de-
formaciones. A la altura del ojo derecho distinguió el surco 
de una incipiente pata de gallo. "Vaya regalito de cum-
pleaños...", pensó.
Acababa de cumplir treinta y dos; pocos años para 
Concepción Andrés Picado, su nombre al nacer; muchos 
para una estrella de cine conocido mundialmente como 
Conchita Montenegro...


J.R.R Tolkien
El Hobbit

Una tertulia inesperada en un agujero en el suelo, viví un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada, en qué sentarse o qué comer: era un agujero Hobbit, y eso significa comodidad. Tenía una puerta redonda, perfecta, como un ojo de buey, pintada de verde, con una manilla de bronce, dorada y brillante, justo en medio. La puerta sabría con un vestíbulo cilíndrico, como un túnel: un túnel, muy cómodo, sin humos, con paredes, revestidas de madera y suelos, enlazado y alfombrados, provistos de sillas, barnizadas y montones y montones de perchas para sombreros sombreros y abrigos; el Hobbit era aficionado a las visitas. El túnel extendía ser Pando, y penetraba bastante, pero en directo, pero no directamente, en la heladera de la colina.-la colina, cómo se llamaba toda la gente de muchas millas alrededor-, y muchas Puertecitos, redondas abrían en él, primero a un lado, y luego al otro. Nada de subir escaleras para el hobbit: dormitorios, cuartos de baño, bodega, despensas, muchas, armarios, habitaciones enteras, dedicadas a la ropa, cocina, comedor, comedores, se encontraban en la misma planta, y en verdad, en el mismo pasillo, las mejores habitaciones estaban todas a la izquierda de la puerta principal, pues eran las únicas que tenían ventanas, ventanas, redondas, profundamente excavadas, que miraban al jardín y los prados de Masaya, camino del río.
Este hobbit era un hobbit acomodado, y se apellidaba bolsón. Los bolsón habían vivido las cercanías de la colina, desde hacía muchísimo tiempo, y la gente los consideraba muy respetables, no sólo porque casi todos eran ricos, sino también, porque nunca te tenía ninguna aventura, ni algo ni hacían algo inesperado: no podía saber lo que diría un bolsón acerca de cualquier asunto sin necesidad de preguntárselo, esta es la historia de cómo un bolsón tuvo una aventura, y se encontró asimismo haciendo y diciendo cosas por completo inesperada. Podría haberse perdido el respeto de los vecinos, pero ganóBueno, ya veréis si al final ganó algo.



J.R.R Tolkien
El señor de los anillos, El retorno del rey

Mina Spirit piping, miró fuera amparado en la caja de Gandalf. No sabía si estaba despierto o si dormía, dentro aún de este sueño, vertiginoso que lo había arrojado desde el comienzo de la larga cabalgata. El mundo oscuro se deslizaba, veloz, y el viento le canturreaba los oídos. No veía nada más que estrellas, fugitivas, y lejos, a la derecha, desfilaba las montañas del sur, como sombras extendidascontra el cielo. Despierto solo a medias, trató de echar cuentas sobre la jornadas y el tiempo de viaje, pero todo lo que le venía a la memoria era nebuloso, impreciso.
Luego de una primera etapa en una, a una velocidad terrible, y sin un solo alto, había visto al Alba, un resplandor dorado y pálido, y luego llegaron a la ciudad silenciosa y a la gran casa desierta en la cresta de una colina. Y apenas habían tenido tiempo de refugiarse en ella, cuando la sombra helada surcó otra vez al cielo, y todos se habían estremecido de horror. Pero Gandalf lo había tranquilizado con palabras dulces, y pipí, se había vuelto a dormir en un rincón, cansado, pero inquieto, oyendo vagamente entre sueños, el trajín y las conversaciones de los hombres y las voces de mando de Gandalf. Y luego, cabalgar otra vez, cabalgar, cabalgar en la noche. Era la segunda, no, la tercera noche, desde que Pipin hurtar a la Piedra y la escudriñara.Y con aquel recuerdo horrendo, se despertó por completo y se estremeció, y el ruido del viento se pobló de voces amenazantes.
Una luz encendió en el cielo, una llamarada de fuego amarillo, detrás de unas barreras sombrías. Pipí se acurrucó, asustado, un momento, preguntándose a qué país horrible lo llevaba Gandalf. Se restregó los ojos, y vio entonces que era la luna, ya casi llena, que asomaba en el éste por encima de la sombra. La noche era joven aún y el viaje en la oscuridad durante horas y horas. Se sacudió y habló. dónde estamos. Gandalf. Preguntó en el reino de Gondor, respondió el mago, todavía no hemos dejado atrás en las tierras de Anoria



J.R.R Tolkien
El señor de los anillos, las dos Torres

La partida de Boromir Aragón trepó rápidamente por la colina. De vez en cuando se inclinaba hasta el suelo. Los Hobbits tienen el paso leve y no dejan huella fáciles de leer, ni siquiera para un montarás, pero no lejos de la cima, un manantial, cruzaba el sendero, y ahora golpeó la tierra húmeda, lo que estaba buscando.Interpreto bien, los signos se dijo. Frodo corrido a lo harto de la colina que habrá visto. allí me pregunto, pero luego bajó por el mismo camino.
Ana cortó. Hubiera querido que el mismo hasta el elevado auxiliar, esperando ver algo que lo orientase de algún modo, pero el tiempo premiada. De pronto dio un salto hacia delante, y corrió a la cima; atravesó las grandes losas y subió por los escalones. Luego, sentándoselo en lo harto del cereal, miró alrededor. Pero el sol, parecido oscuro, y el mundo apagado y lejano.Se volvió desde el norte, y dio una vuelta completa, hasta mirar de nuevo al norte, y no vio nada, excepto las colinas distantes, aunque ya lo lejos, la forma de un pájaro grande, parecido a un águila, planeaba en el cielo, otra vez, y descendía a tierra en círculos, amplios y lentos.
Aún mientras observaba, alcanzó oír unos sonidos débiles en el bosque que se extendían allá abajo al oeste del río. Se enderezó. Eran gritos, y entre ellos reconoció con horror, las voces roncas de los orcos. Un instante, después resonó de súbito la llamada profundo y gutural de un cuerno, y lo secos, golpearon las colinas y se extendieron por lasabandonadas, elevándose sobre el rugido de las aguas en un poderoso glamour.
El cuerno de Boromir gritó Vargas Boromir está en dificultades, se lanzó escalones abajo y se alejó, saltando por el sendero, ay hoy me persigue un destino Festo, y todo lo que hago sale torcido. Dónde está dónde está Sam, mientras corría los gritos, aumentaron, pero la llamada del cuerno era ahora más débil y más desesperada. Los aullidos de los orcos se alzaron feroces y agudos, y de pronto el cuerno cayó. Ágora bajó a todo correr la última pendiente, pero antes que antes que llegara al pie de la colina, los sonidos fueron pagándose, y cuando dobló la izquierda para correr tras sellos, comenzaron a retirarse hasta que al fin ya no pudo irlos.Sacando la espada, brillante, gritando, Lenin Elendil se precipitó entre los árboles.