Elizabeth Subercaseaux
Primera edición noviembre 2022
196 páginas
Catalonia
Uno estaba todo oscuro menos el cielo plagado de estrellas. Yo me
había tendido en el pasto. Me rodeaba el silencio acostumbra-
do, el de mi sordera. De pronto ese silencio fue interrumpido y
a mis oídos empezó a llegar una música grandiosa, como el fin
triunfante de una batalla. Escuché una voz interior. "Esta mú-
sica es el paso de tu vida; desde lo más dolorosamente humano
a la serenidad más divina".
Yo permanecí quieto a la espera de otras palabras.
Poco después una estrella cruzó firmamento y una le-
chuza de alas blancas emprendió el vuelo zigzagueante,
como una extraña danza…
-Herr Beethoven… despierte, que ha llegado el sacerdote.
Entreabrí los ojos y volví a cerrarlos. No quería abandonar
mi sueño. Quería seguir allí, sólo frente al universo, escuchan-
do las distintas sonoridades que pueblan el espacio entre el cie-
lo y la tierra.
-¿Le digo que se vaya?- preguntó Frau Gruber, casi gri-
tando cerca de mi oreja.
Tampoco quería que viniera el sacerdote. Me di vuelta hacia
la pared.
-Dígame qué debo hacer, Herr Beethoven.
-Yo no sé para qué lo llamó, pero si ya está aquí, ¿no sería
grosero despedirlo?
-Le digo que suba, entonces.
-¿Y qué se supone que haga el sacerdote en mi pieza?
-Es solo para acompañarlo en este momento y acercarlo a
Dios, que mal no le va a hacer-dijo ella-. Ahora tiene que
lavarse, verse bien arreglado para recibirlo. Voy a traerle la jarra
con agua.
No hay comentarios:
Publicar un comentario