sábado, 17 de julio de 2010

Chesil Beach

Tienen poco más de veinte años y se conocieron en una manifestación en contra de las armas nucleares. Florence es una chica de clase media alta. Edward, en cambio, pertenece a una familia que vive en la zona baja de la clase media. Ambos son inocentes, y vírgenes, y tras un largo cortejo se han casado. Es un día de julio de 1962, y el tsunami de la revolución sexual no ha llegado a Inglaterra. Edward y Florence van a pasar su noche de bodas en un hotel junto a Chesil Beach. Y lo que sucede esa noche es la materia con que McEwan construye su chejoviano, terrible mapa de una relación, del amor, del sexo, y también de una época, y de sus discursos y sus silencios.

"Eran jóvenes, instruidos y vírgenes aquella no-

che, la de su boda, y vivían en un tiempo en que la
conversación sobre las dificultades sexuales era clara-
mente imposible. Pero nunca fue fácil. Acababan de
sentarse a cenar en una sala diminuta en el primer
piso de una posada georgiana. En la habitación con-
tigua, visible a través de la puerta abierta, había una
cama de cuatro columnas, bastante estrecha, cuyo
cobertor era de un blanco inmaculado y de una ter-
sura asombrosa, como alisado por una mano no hu-
mana. Edward no mencionó que nunca había esta-
do en un hotel, mientras que Florence, después de
muchos viajes de niña con su padre, era ya una ve-
terana. Superficialmente estaban muy animados. Su
boda, en St. Mary, Oxford, había salido bien; la ce-
remonia fue decorosa, de recepción alegre, estentó-
rea y reconfortante la despedida de los amigos del
colegio y de la facultad..."


Chesil Beach
Ian McEwan
187 Páginas
1era Edición Febrero 2008
Editorial Anagrama

domingo, 11 de julio de 2010

El desierto

"Lo primero que Laura reconoció, al adentrarse en la vasta llanura desértica que rodeaba al oasis de Pampa Hundida, fue el horizonte de aire líquido. La muralla del espejismo temblaba en el horizonte del desierto, atravesando la autopista: una catarata de aire hirviente manando del cielo quemado por el reflejo de los salares, cayendo sobre el lecho del mar que se había ausentado un millón de años antes. Por un instante, tras ese muro de calor que palpitaba como un cristal recién fraguado, Laura creyó ver enor- mes rostros, siluetas humanas gigantescas, bocas distorsionadas, que gritaban en su dirección, que apelaban a ella, pidiéndole o enrostrándole algo inaudible, el dolor de una deserción tan larga como el millón de años transcurrido desde que el mar se evaporó de esas pampas. Era como si el propio paredón del horizonte líquido le aullará..."

Por eso es que yo lo llamaba y le preguntaba. Pero no le preguntaba “Oiga, ¿le pegó o azotó a alguien?”. Si era problema de él pues. Él me habría dicho que no, aunque les hubiera pegado. Hay que entender lo que es un servicio de inteligencia. La persona que tiene a cargo un servicio de inteligencia toma las medidas que considera necesarias y responde al Presidente de la información que entrega. Bueno, Contreras dice que yo tomaba desayuno con él a veces...Claro que tomaba desayuno con él, para que me contara lo que estaba pasando. Yo no le preguntaba: “Oye, ¿A quién matarás?.
Augusto Pinochet

El texto “El Desierto” de Carlos Franz, se configura de dos partes que se van hilando a través del relato. Una parte se sitúa en un pueblo llamado “Pampa Hundida” donde se celebra una fiesta pagana en honor a una virgen. La historia relata cómo en estos días de fiesta, un personaje que habitaba hace muchos años esos lugares, decide regresar a rearmar su historia, que a través del paso de los días, va desvelando al lector, la historia de un pueblo, como muchos otros, testigo de un campo de concentración en las afueras del mismo.
La segunda parte, es el relato en forma de carta de este personaje, que es una exiliada llamada Laura, intentando explicarle a su hija, porqué guardó silencio durante años de lo vivido en Chile, específicamente desde el inicio de la dictadura militar en 1973.
El texto posee una fuerza narrativa, que pareciera que el lector realmente fuera de a poco penetrando, internándose y formando parte de aquella historia que se relata. Y es que, de uno u otro modo, esta historia nos contiene a todos Y no lo digo sólo desde mi posición particular de chilena, hija de exiliados, y lectora local, sino que creo observar en el relato la posibilidad de esta obra, de ser extemporánea y perteneciente a todos los que han vivido la transformaciones circulares de la historia, es decir, la guerra y la paz, la historia del hombre que se escribe o se inscribe por el juego entre revolución y reacción, en constantes giros que se repiten pero que se diferencian en pequeños detalles que significan sólo por el flujo asimétrico que posee el paso del tiempo.
El libro posee varias lecturas que van jugando paralelamente con la historia central, lecturas que son complementos absolutamente necesarios para entender el eje central de la misma, pero que pueden a la vez, jugar como cuentos solitarios, debido al poder de lo que hablan esas historias.
Especulo que dos escenarios fueron necesarios para que Carlos Franz mirara la historia de Chile de los últimos treinta años, el primero, un pueblo en el desierto chileno, reflejo espectral de lo que es el Chile Contemporáneo, con la concentración del poder en pocas manos consensuadas en guardar silencio en pro de su beneficio personal, y un pueblo sometido al movimiento de la marea que el poder indique, elementos, que conjugados, dan vida a una cantidad de historias de marginación, tortura, disciplinamiento, carnaval, silencio, pasión y poder.
El segundo escenario, es Berlín, Europa, Occidente, donde un individuo escribe a través de cartas, toda la violencia que la historia traspasó a través de su cuerpo, todo el desgarramiento que implica llevar la “procesión” de acontecimientos.
Sociedad e individuo, intercalándose para dar cuenta poco a poco de la articulación de un pasado reciente, de un pedazo de tierra y su gente. Son estas dos miradas revueltas, que son, a mi parecer, reflejo de la posición y distancia que tiene el autor con el texto. Franz logró, sea esto premeditado o no, situarse desde el lugar que ocupa en la vida y extrapolarlo al texto, mezclando un escenario lejano, escondido en un recóndito lugar de Chile, el cual se escribe en forma impersonal y distanciada, y otro escenario europeo donde el autor se pone como personaje travestido, escribiendo en un formato intimista como es la carta. Un juego dialéctico entre sociedad e individuo hecho en el texto, para dar vida a la historia social de un pueblo.
El desierto
Carlos Franz
476 Páginas
1era Edición Abril 2005
Editorial Sudamericana

lunes, 28 de junio de 2010

El huracán lleva tu nombre

"Me voy a la cama contigo.
Esto es lo primero que pienso cuando la veo entre la pe-
numbra y el humo de la discoteca. Es una mujer muy bella,
más joven que yo, de ojos chispeantes y nariz angulosa. Me
gusta como nadie me ha gustado nunca. Me aburro en una
esquina de la barra tomando una coca-cola. Me acompaña
Sebastián, mi amigo y, secretamente, mi amante. Sebastián
es actor de telenovelas y obras de teatro; a mí me conocen
por mi programa de televisión. A Sebastián le gusta bailar
y por eso ha insistido en traerme esta noche al Nirvana, don-
de se reúne la gente bonita y confundida de la ciudad, los
los que quieren irse del país pero no pueden y los que se fueron
pero regresaron, las chicas rebeldes y los cacainómanos, los
actores de pacotilla y los músicos fracasados, los tontos como
yo, que no bailamos porque no tenemos suficiente coraje (ya
bastante tengo que hacer el ridículo en la televisión), pero sí
disfrutamos exhibiéndonos en ese enjambre de cuerpos ha-
cinados que las luces de neón iluminan al azar. Yo no quiero
bailar, sólo mirar a Sebastián, alto y orgulloso, apretado en
sus jeans de actor que sueña con ser roquero famoso, lindo
con su cara de niño bueno que, sin embargo, es un depreda-
dor en la cama y yo lo sé bien, y por eso no puedo dejar de
mirarlo, porque es el primer hombre que me ha hecho el
amor con una ferocidad que no puedo olvidar y que me hace
desearlo tan descaradamente como lo miro esta noche tu-
multosa en la barra del Nirvana...

Gabriel ama a Sofía pero también le gustan los hombres. Gabriel tiene mucho éxito en televisión, pero lo que ansía de verdad es huir del Perú y dedicarse sólo a escribir, lejos de la ambigüedad y de la hipocresía que lo envuelven y lo limitan.

El huracán lleva tu nombre es una singular historia de amor, dolorosa y gozosa a la vez, con una heroína, Sofía, que fascina por su capacidad de amar, y con un original antihéroe, el narrador, Gabriel, que expone al lector su conflicto a través de una sinceridad a veces hilarante y a veces conmovedora. Una novela que no va a dejar a nadie indifirente.

El huracán lleva tu nombre
Jaime Bayly
464 Páginas
1era Edición Enero 2004
Planeta

miércoles, 23 de junio de 2010

La prisionera

"Soñaba con una hoguera. Un fuego amable que no quemaba. Se podría entrar en él y salir indemne. Más que eso, sanado. Sus ro- pas ardían pero su piel parecía intacta, delicio- samente fresca y nueva..."Papito". Alguien lo llamaba desde muy lejos, desde una región tan antigua de su alma que ya la había dado por in- existente, como esa piel del sueño. No había de qué preocuparse, le diría a la niña con la que soñaba. Que lo dejara dormir; éste era el buen fuego, el que curaba."

La prisionera
Carlos Franz
172 Páginas
1era Edición Agosto 2008
Alfaguara

Momo

Momo es una niña huérfana, que vive en un anfiteatro. Pero aun siendo huérfana, tiene muchos amigos y nunca se siente sola. Todos los días sus amigos vienen a verla, a traerla comida y a hablar con ella. Vienen a hablar con ella por una sencilla razón: Momo sabe escuchar, sabe decir lo que piensa sin decir una sola palabra.

Cada día, Momo juega con sus amigos, cada día inventan nuevos juegos, cada día, es distinto. Y lo mejor de todo es que no se aburren. Y en caso de que pueda existir una sola gota de aburrimiento, Gigi – uno de los dos mejores amigos de Momo – se inventa una de sus fantásticas historias. Como Gigi nunca repite una de sus historias, siempre crea un gran revuelo y es escuchado atentamente por todos los oyentes.

Todo iba bien en la vida de Momo y sus amigos, hasta que desafortunadamente, aparecieron los hombres grises. Estos extraños personajes, iban vestidos con un traje gris, un bombín gris y en su boca siempre había un cigarro gris. Los hombres grises iban por la calle sin llamar la atención, buscando sus víctimas. Su objetivo era robar el tiempo a todas las personas que pudieran, almacenando ese tiempo para ellos. Los hombres afectados por el plan de los hombres grises, querían gastar el menor tiempo posible y ahorrar el mayor tiempo. Cuanto más tiempo ahorraban, más tiempo necesitaban para seguir ahorrando, de manera que se crea un círculo vicioso.

"En los viejos, viejos tiempos, cuando los hombres
hablaban todavía muchas otras lenguas, ya había en los
países ciudades grandes y suntuosas. Se alzaban allí los
palacios de reyes y emperadores, había en ellas calles
anchas, callejas estrechas y callejuelas intrincadas, magní-
ficos templos con estatuas de oro y mármol dedicadas a
los dioses: había mercados multicolores, donde se ofrecían
mercaderías de todos los países, y plazas amplias, donde
la gente se reunía para comentar las novedades y hacer
o escuchar discursos. Sobre todo, había allí grandes
teatros. Tenían el aspecto de nuestros circos actuales, sólo
que estaban hechos totalmente de sillares de piedra. Las
filas de asientos para los espectadores estaban escalonadas
como en un gran embudo. Vistos desde arriba, algunos
de estos edificios eran totalmente redondos, otros más
avalados y algunos hacían un ancho semicírculo. Se les
llamaba anfiteatros."


Momo
Michael Ende
255 Páginas
1era Edición Octubre 1992
Alfaguara